Translate

jueves, 22 de octubre de 2020

Rumbo al matrimonio

A lo largo de tres décadas mi esposa y yo nos vimos, reiteradamente, en función de impartir cursos de noviazgo y matrimonio, en Cuba. Estados Unidos no ha sido una excepción a esta regularidad, y ya se impartieron tres cursos por acá. El primero, en mayo de 2018, con las Asambleas de Dios de Lufkin, bajo el pastorado del presbítero, Rev. Rubén Luna, ya con el Señor. El segundo, en diciembre de 2018, con el Rev. Victorio Fernando, subdirector de las Escuelas Ministeriales del Distrito SCHD, Asambleas de Dios en Pitsburg. El tercero, en enero de 2019, con el pastor Francisco Martínez, Asambleas de Dios en Mount Pleasant. Es así que no nos descontextualiza mucho el pedido que nos hace, desde Cuba, el pastor D., acerca de la publicación en el blog de un tema de noviazgo.

Viva el amor. Es interesante, pero cómo enfocarlo en un artículo breve… Le cuento que mi esposa imparte este tema magistralmente; en 1987 la oí, por primera vez en un estudio así, y se me quedó en la memoria la estructura. Vea lo que es un bosquejo bien hecho, cómo se le fija al que oye. Creo que se apoyaba en revisiones de materiales publicados por Luis Palau que, para entonces, se movía mucho ministerialmente en esas áreas. Ella organizó su estudio en el bosquejo que sigue debajo. Lo enriquezco agregando ilustraciones que han aparecido en este ya largo camino:

 

Título: “Requisitos en el noviazgo para ir al matrimonio”.

Lectura: Cantares 8: 7: “Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos”.

 

Requisitos en el noviazgo para ir al matrimonio:

 

I. Que se gusten.

 

Ciertos ideales estéticos deben de estar en la pareja; sea la fineza, el tono de la voz, la caída de los ojos; las dos partes deben gustarse. Los matrimonios antiguos se pactaban entre las familias, y la preocupación más grande de los novios era el «¿¡y si no me gusta!?». El judío-cubano, descendiente turco, Salomón Mitrani Barlía, cuenta acerca de las exigencias de su padre, en cuanto a gusto:

 

La familia prosperó en Colón y decidieron que era hora de casarse, pero en Cuba no había muchachas judías donde escoger (…). El procedimiento normal consistía en enviar fotos. Mis tres tíos aceptaron a sus novias fotográficas, pero papá —aunque mamá era preciosa— dijo que quería una foto de cuerpo entero, que esa no servía porque “a lo mejor es coja, enana o le falta una pierna”. Se la mandaron y se enamoró de la foto (…). Se casaron en Colón, en 1921 (1).

 

El autor bíblico de Cantares se desborda en confesiones de gusto propio, cuando escribe: “He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí que tú eres hermosa; tus ojos entre tus guedejas como de paloma; tus cabellos como manada de cabras que se recuestan en las laderas de Galaad” (Cnt. 4:1).

 

II. Que se quieran.

 

¿Quién puede disfrutar la vida con una persona que no le despierte amor? Uno no puede ilusionarse con la apariencia física solamente, debe haber un vínculo de amor, porque la estética cambia con los años, y aun con el ritmo del propio día en que se vive.

Cuenta el pastor Oscar Cardoso que un joven se enamoro de una muchacha por la voz. Ella cantaba incomparablemente, pero no estaba muy favorecida por la naturaleza, estéticamente hablando. A veces se levantaba sin arreglar y discutiendo, y cuando las cosas llegaban a cierto nivel, y él la veía sin peinar, desarreglada y chillando, cerraba los ojos, y le decía: “¡Canta María, canta!” (2).

Bueno…, es necesario añadir a la cuestión de gustarse aquella de quererse. El matrimonio es una armonía de caracteres que no se logrará jamás si las partes no se quieren. El amor es el único «vínculo perfecto» (Col. 3: 14). Ese es el cimiento sobre el que se levantará eso que la Biblia describe como fuerza mayor: «Porque fuerte es como la muerte el amor» (Cnt. 8: 6b). 

 

III. Que se convengan.

 

Aquí entran cuestiones como la edad, la cultura y el evangelio«Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica» (I Co. 10: 23).

 

Edad

 

Ir a un matrimonio con diferencias notables de edades, supone dos problemas: el primero tiene que ver con que cada edad en la vida tiene sus propias exigencias. La juventud exige un dinamismo social y biológico que no lo soporta una edad avanzada; la conveniencia entonces de una edad cercana entre las partes es casi obvia. El segundo problema tiene que ver con la descendencia. Por razones que no es necesario ahondar los hijos deben de ser tenidos en la condición más joven posible. “Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud” (Sal. 127: 4). Un padre muy longevo, en un matrimonio muy disparejo en edad, expone a su hijo a una  orfandad temprana.

 

Cultura

 

El matrimonio es comunicación. Cada nivel cultural tiene su propio código de comunicación. Dos personas con acentuadas diferencias culturales se comportarán como si hablaran dos idiomas diferentes. El matrimonio no está diseñado como una prueba de sufrimiento, sino como una fuente de gozo y realización en la vida. “Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud” (Pr. 5: 18). 

 

Evangelio 

 

Es clara la definición bíblica respecto a la conveniencia de un matrimonio en la fe: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (II Co. 6: 14).

René Figueredo, miembro de las Asambleas de Dios de Cuba, tiene memorias de su primo, el pastor cubano Onelio González (1933-2010), misionero a la Amazonía ecuatoriana. Con relación a él, cuenta:

 

Durante un tiempo de amistad y familiaridad una hermana presente, explicaba que ella había roto su matrimonio con su esposo, que era cristiano y ahora se había recasado con un inconverso y le iba de lo mejor. Nadie decía eso delante de Onelio y salía ileso; así es que con esa combinación de buen humor y reprensión que tanto le caracterizó, le dijo: «Hizo mal, hermana, porque el peor de los cristianos es hijo de Dios y el mejor de los impíos es hijo del diablo. ¿No está teniendo ya problemas con su suegrito?» (3).

 

Conclusiones

 

I. Viva el amor. Casarse es bueno. El cónyuge es como un compañero (a) en el trabajo de la vida, así es que me permito extenderle las palabras de Eclesiastés 4: 9-11: “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo?”.

 

II. Cásese, pero primero esté seguro (a) de que los dos se gustan, se quieren y se convienen (4).

 

“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, esa será alabada (Pr. 31: 30). 

 

 

__________

 

 

(1) Maritza Corrales Capestany. La isla elegida. Los judíos en Cuba. La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 2007, p. 85.

(2) Rev. Oscar Cardoso. Predicaciones. Templo "Palabras de Vida". Infanta y Santa Marta, La Habana. Asambleas de Dios de Cuba, 1989.

(3) René Figueredo. Entrevistado por Octavio Ríos. Oficina de Historia de las Asambleas de Dios de Cuba, 7 de agosto de 2015, 1:00 PM. Usada con permiso. Ver en: Octavio Ríos Verdecia. Alas en el corazón. Tyler: KDP, 218, p. 214. Disponible en: https://www.amazon.com/gp/product/1724199307/ref=dbs_a_def_rwt_bibl_vppi_i6 

(4) Elízabeth de la Cruz de Ríos. Bosquejo de clase a Misioneritas (adolescentes). Templo "Fuente de Vida", Infanta y Santa Marta. Asambleas de Dios de Cuba, 1987, 1990, 1992, 1993.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Su comentario a este artículo se recibe con respeto y gratitud.