Cálculo…, qué palabra, qué idea.
No sabe de difuminados persuasivos.
Cierra el horizonte a los sueños.
Clausura las esperanzas.
Todo lo enmarca y fija con cadenas que tornan inamovibles los conceptos.
Es frío e imponente como el más gélido iceberg.
Antítesis de la poesía es lo más cerca que ha estado de convertirnos en máquinas, porque desconoce la pena y el amor, pivotes de la existencia humana.
Resumidamente, Galileo Galilei (1564-1642), fundador de la ciencia moderna legó a la posteridad una idea: «La naturaleza está escrita en lenguaje matemático». Él escribió en Il Saggiatore (El ensayador) en 1623, respondiendo a Orazio Grassi, un jesuita que escribía bajo el seudónimo de Lotario Sarsi Sigensano:
La filosofía está escrita en ese grandísimo libro que tenemos abierto ante los ojos, quiero decir, el universo, pero no se puede entender si antes no se aprende a entender la lengua, a conocer los caracteres en los que está escrito. Está escrita en lengua matemática y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales es imposible entender ni una palabra; sin ellos es como girar vanamente en un oscuro laberinto (1).
Qué rara afirmación. En el cálculo, la geometría básica y las matemáticas en general pueden estar las letras de la creación, pero el lenguaje es una realidad que pertenece a otra dimensión, como lo es la poesía y la música con relación a la palabra, como lo es el amor con relación a la vida.
«Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera» (Gn. 1:31).
«Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten» (Col. 1: 16, 17).
«Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran» (Neh. 9:6).
«Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos» (Hch. 17:28).
Los átomos están unidos por el inmenso amor de Aquel que todo lo creó. Ese es el único lenguaje audible, visible y coherente con la belleza de la Creación y la misericordiosa Providencia de Aquel que puso su nombre en los más recónditos secretos que, por siglos, exploró la ciencia, desde las armonías electromagnéticas de Maxwell, el mundo cuántico de Max Planck y la cosmovisión de Einstein hasta llegar al código genético de Watson y Crick, Nirenberg, Khorana y Holley.
Jesús dijo a sus tantas veces desconcertados discípulos: «...Aun vuestros cabellos están todos contados» (Mt. 10:30). Y no fue una expresión de cálculo, sino de amor.
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(1) Instituto de Matemáticas. «El lenguaje de la naturaleza»
https://www.matem.unam.mx/~barot/clases/2012-1/01motivacion.pdf
Accedido: 25 de julio de 2026, 8:49 p.m.

