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viernes, 21 de agosto de 2020

La comprensión llega con el tiempo

Lleva tiempo alcanzar a comprender a las personas y a las cosas. En dirección contraria, persona alguna puede aspirar a ser totalmente entendida en los minutos que siguen al momento de su obra. Vivirá con pesar el que crea que debe ser entendido al instante por los demás. A veces se necesitan años en el ejercicio de un trabajo invisible que devela el camino. Tal vez, con eso en el espíritu, Pablo indicó a los corintios: “…no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones” (I Co. 4: 5).
Al escribir sus apuntes para la tesis doctoral en historia antigua del judeo-cristianismo del siglo primero, y ver nacer de ellos el formidable libro El primer evangelio: el documento Q, ese gigante de la teología y la politología contemporánea, que es César Vidal Manzanares (1958-), dejó rubricada en las primeras páginas una dedicatoria muy singular; el escribió: “Este libro, como toda obra histórica, es un esfuerzo de comprensión. Resulta por ello de justicia dedicárselo a mi padre —a quien he comprendido con el paso de los años, y especialmente después de casarme— y a mi madre —a quien he comprendido después de tener a mi hija—. A los dos, gracias” (1).
Sí que nos enseñó el profesor Vidal que se necesita el andar de la vida aun para comprender a las personas a las que más debemos: nuestros padres.


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(1) César Vidal Manzanares. El primer evangelio: el documento Q. Córcega, Barcelona: Editorial Planeta, 1993.



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