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domingo, 6 de octubre de 2024

La más sacudidora Escuela Dominical de Texas tuvo lugar hoy

La más sacudidora Escuela Dominical de Texas tuvo lugar hoy, 6 de octubre de 2024, en la bellísima ciudad de Longview. Desde la clase impartida por el hermano Hernando Martínez, que sumieron a la congregación en un ambiente de quieta reflexión, pasando por la bellísima ministración del Grupo de Alabanza y llegando finalmente a la ferviente exposición de la Palabra por el Rev. Agustín Campos, todo fue sobrecogedor. 
La presentación bíblica descansó en Apocalipsis 21: 1-7, y con la acostumbrada habilidad del Pastor, en la bendita gracia de Dios, la congregación fue llevada a hacer un vislumbre de la vida  eterna, lo que habrá en el cielo, lo que no habrá; lo que pasó con las cosas que tomó prestadas el Señor: la barca de Pedro, el pollino de asna y finalmente, la propia tumba; el valor de serle fiel; el nuevo nombre que tendremos en el cielo. Todas fueron verdades pertinentes para estos tiempos del fin, en lo que fue una mañana refrescante y llena de Dios.
Todos los que asistimos nos sentimos agradecidos del Señor, de su grata presencia y de la preparación que mostraron todos los hermanos que tomaron parte. 
Reciba el Rey del cielo toda la gloria y ¡adelante! que, mientras Cristo no venga, queda mucho por hacer.
Te esperamos el próximo domingo en el Templo "Casa de Oración", Asambleas de Dios en Longview, Texas. Recibe un fuerte abrazo.



sábado, 5 de octubre de 2024

Era necesario...

«...Es necesario que comparezcas ante César» (Hch. 27:24). Así dijo el ángel al apóstol Pablo. Muchos suponen que algo así, tan en la voluntad de Dios, debe fluir con facilidades: «Pablo, el heraldo de la fe, traspuesto, como lo fue Felipe (Hch. 8:39), aparece de pronto en la corte, ante el César, para luego desaparecer en invisible regreso». Pudo ser. «Pablo invitado a Italia por un amigo influyente que le desbroza el camino rumbo al trono, donde debe hablar». Pudo ser. 
Ni lo uno ni lo otro. El apóstol entrará a Roma en cadenas, entre miserables condenados. «Es necesario...», así le dijo el ángel. ¿Cómo entenderlo?
Las enfermedades, citaciones a corte, accidentes y maltratos son agrestes campos de pastoreo, o catapultas a misiones difíciles, permisiones de Dios cuajadas de célicos enigmas. Y la vida de los grandes hombres y mujeres de Dios se llena de ellos. 
La Iglesia sigue en su seno los pasos de Aquel que fue «despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto» (Is. 53:3). El Señor Jesús es modelo y misterio mayor. En Sicar, cansado del camino, se sentó junto al pozo (Jn. 4:6); en el Mar de Galilea, sobre la popa de la barca, agotado, se quedó dormido (Mr. 4:38); desde Jericó hasta Jerusalén salvó a pie con los discípulos veintiocho kilómetros bajo el más ardiente sol (Lc. 19:28). Finalmente, enfrentó solo el misterio mayor: la Cruz. Y por todos murió (II Co. 5:15).
Mire la vida de Jesús. No hay en momento alguno asomo de rebelión a los designios del Padre. Él lo sabía: «era necesario».



viernes, 4 de octubre de 2024

El último grumete

El último grumete, del escritor chileno Francisco Coloane fue la primera lectura que hice en la preadolescencia. Recientemente mi esposa trajo de Cuba mi viejo ejemplar. Me ha acompañado por más de medio siglo. Animado por el reencuentro con este viejo amigo, lo releí. Es un libro pequeño, de ciento diez páginas, puesto a la venta en Cuba en 1972 por el Instituto Cubano del Libro. Mi madre lo compró en la centro-habanera librería Siglo XX, de Neptuno y Águila.
El último grumete es una pequeña obra de ficción dirigida a un público juvenil y tiene de fondo los conocimientos marinos del autor. De lectura fácil y fluida recrea en su narrativa las peripecias del Alejandro Silva; este se incorpora como polizón al velero de la Armada chilena, General Baquedano. Tras ser descubierto por la ronda de guardia es aceptado como tripulante número 301 e incorporado al trabajo de la mar. El buscaba seguir los pasos de su padre como marino y, a un tiempo, encontrar a su hermano, desaparecido mientras navegaba por los mares del sur. 
Tempestades, leyendas marinas, maniobras en sinuosos canales, urden la trama que se resuelve, finalmente cuando Silva encuentra a su hermano liderando los indios yaganes en las más australes locaciones del sur de América, allá donde ya se unen el Pacífico y el Atlántico.
El regreso a casa, las buenas nuevas a la madre de Silva, la locura repentina del primer sargento que tuvo la Baquedano, el carpintero Escobedo, y su diálogo con el último grumete de este velero, que para entonces había sido ya desaguado por los años de uso, cierran la refrescante trama de este libro, que siempre recordaré como una pequeña joya literaria de la adolescencia, ese tiempo de oro, en que, los libros que se leen, se quedan par siempre con nosotros.



lunes, 30 de septiembre de 2024

Un acento, y una idea diferente

«No tengo que comer».
«No tengo qué comer».
Es curiosa la diferencia de significado que impone el acento. En el primer caso es clara la idea de que no existe la obligación de comer. En el segundo, está implícita la carestía de comida.
Es interesante.


domingo, 29 de septiembre de 2024

If I can...

No hay un sinrazón en el existir si entendemos la diferencia que hacen las pequeñas acciones. Nadie como Emily Dickinson lo expresó en su sentir poético.

Poem VI

Emily Dickinson

 
If I can stop one heart from breaking,
I shall not live in vain;
If I can ease one life the aching,
Or cool one pain,
Or help one fainting robin
Unto his nest again,
I shall not live in vain.

 
Si puedo evitar que un corazón se rompa, 
no viviré en vano;
Si puedo aliviar el dolor de una vida,
O calmar un dolor
O ayudar a un petirrojo desmayado
a que vuelva a su nido,
no viviré en vano.


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Emily Dickinson. Poems. Editores: Mabel Loomis Todd, Thomas Wentworth Higginson. Boston: Little, Brown.  1922, p. 18.





sábado, 28 de septiembre de 2024

Martí y Ferrara

José Martí conoció a María Luisa Sánchez siendo esta una niña, en Ibor City, Tampa, y le escribió, en 1891, los bellos versos que aparecen debajo. María Luisa, de padres cubanos, había nacido en Estados Unidos. La pequeña sería más tarde, en la historia, la esposa de Orestes Ferrara, coronel italiano del Ejército Libertador en la Guerra de Independencia; este último tendría un largo historial de diplomático y escritor en tiempos de la República.

 

A María Luisa Sánchez

 

No hay en la bárbara guerra
del mundo más que un consuelo:
las estrellas en el cielo
y las niñas en la tierra.

 

No hay rival de la mañana
con su luz pálida y pura;
mas sí hay rival, tu ternura
pálida niña cubana.

 

Yo diré, mi niña esbelta,
allá en mi hogar de martirio,
que he visto en Ibor [1] un lirio
con la cabellera suelta. [2]

 







[1] Ybor City, vecindario histórico en Tampa, Florida, Estados Unidos situado al noreste de Tampa. Fue fundado en 1885 por un grupo de fabricantes de puros dirigido por Vicente Martínez Ybor y fue poblado originalmente por los inmigrantes cubanos, españoles (principalmente de Asturias) e italianos (principalmente de Sicilia), que trabajaron en las muchas fábricas de puros.

[2] Poesías de José Martí. Colección de Libros Cubanos. Director: Fernando Ortiz. Vol. XI. Compilación y notas por Juan Marinello. Habana: Cultural S.A. La Moderna Poesía. 1928, p. 276.




domingo, 22 de septiembre de 2024

El cumplido de un astrónomo

Los cumplidos comunes tienen que ver con «fue un placer conocerle», o «un gusto poder saludarle», cosas así. El cumplido de un astrónomo parece que es algo muy propio de él. Vea el de Carl Sagan: «Dada la inmensidad del tiempo y la inmensidad del Universo es un placer inmenso para mí  compartir un planeta y un tiempo contigo» (1). No deja de ser gracioso. Qué bonito. 
Se abren las puertas a los cumplidos del matemático, del biólogo y el filósofo. ¿Cómo serán?


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(1) Valeria Sabater. Siete frases de Carl Sagan que te inspirarán.
https://lamenteesmaravillosa.com/frases-de-carl-sagan-te-inspiraran/ Accedido: 22 de septiembre de 2024, 6:23 p.m.



sábado, 14 de septiembre de 2024

Solo hay algo más bello que la poesía

Qué bella expresión es la poesía cuando las metáforas están claras, cuando se tienen los códigos que develan las imágenes escondidas tras el lírico vestir, ese con que las cubre el pudor del poeta. Qué bella viene a ser entonces la poesía.
La poesía es la más grandiosa expresión de la palabra, y solo hay algo que la supera en belleza: su comprensión.  



sábado, 7 de septiembre de 2024

Ya llegará el tiempo...

No se les inculca a los niños de doce años, como lo éramos entonces, el amor a los libros con El Quijote y La Casa de Bernarda Alba. Son grandiosas producciones literarias, pero su comprensión no está en armonía con la mente de un pequeño. Todos aprendemos a leer mucho antes de madurar, y tales obras no producen sino el rechazo natural que hacemos a lo incomprensible.

La niñez y la adolescencia son los tiempos de Salgari, Dumas o Verne, si es que se quiere despertar el amor a la lectura en esas edades primigenias del intelecto. Hay que desconocer el pensamiento juvenil para tratar de imponer en los programas ─¡aquellos que sufrí!─, La Eneida de Virgilio y la nada leíble Ilíada de Homero. No puede llegar a Shakespeare, en Macbeth, sin pasar por Roger Lancelyn Green, en Robin Hood.

Llene la niñez y la temprana adolescencia de El corsario negro, La Isla misteriosa y El conde de Montecristi, y habrá llenado la vida de pasión por la lectura. Con ella nacerá y vivirá para siempre el amor a los libros.

No se apuren los académicos, ya madurará la mente de ese pequeño; tiempo le sobrará para perder los irrecuperables, reponerse a esas heridas que dejan cicatrices imborrables en las grietas escondidas del alma y educan el pensamiento; ya llegará el tiempo en que podrá leer, sin rechazo, la Resurrección, de Tolstoi y Los miserables, de Víctor Hugo; ya amará al Quijote, y llegará el tiempo en que entenderá que El pequeño príncipe, de Exúpery, es algo más que un bonito cuento.



domingo, 1 de septiembre de 2024

La Cruz

La cúpula del Capitolio de La Habana tiene noventa y dos metros de altura y es la sexta mayor del mundo. Resulta visible desde gran parte de la ciudad. Es un gran referente para todos. De niño, con siete u ocho años, escapaba del hogar y me internaba por las calles de La Habana Vieja, rumbo a los muelles; cruzaba la bahía en la lancha de Casablanca; exploraba las plazas y las vetustas iglesias, con sus parques. Como era de esperar, a cada rato me perdía, y lo tomaba con mucha calma, porque todo se reducía a encontrar el Capitolio. A veces lo veía desde lugares elevados; cuando no lo lograba preguntaba a algún adulto serio, y este me indicaba. ¿Para qué lo hacía? Bueno..., desde el Capitolio sabía regresar a casa.

Avanzando la vida descubrí que hay un referente más importante que aquel Capitolio: es la Cruz; desde ella podría encontrar el rumbo todo de la vida. 

La gente, aun en la fe se pierde. Desde la experiencia del menosprecio, la traición, el trato mezquino, hay un punto en que se sienten disueltos los valores y se apaga el deseo mismo de vivir; se pierde el rumbo. En tales momentos la Cruz se levanta como el único referente. Allí se concentró todo el menosprecio del mundo; sobre ella fue reducido a agonía, despreciado y desechado, molido por el más desbordado odio, el Señor Jesús. Él llevó sobre sí el pecado del mundo y en su cruenta muerte nos trajo salvación y vida eterna. Es el Evangelio.

Miremos a la Cruz. El más grande de los hombres murió allí «para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga la vida eterna» (Jn. 3:16).




domingo, 25 de agosto de 2024

Pensando en la ancianidad

Actividad especial en ocasión de la celebración del cumpleaños del Pastor Agustín Campos, entrañable hermano y amigo. Fue un honor exponer la Palabra de Dios y participar del sentido homenaje que le hiciera la bellísima congregación «Casa de Oración», en Longview, Texas, Estados Unidos. Domingo 25 de agosto de 2024. 11:00 a.m.
Mensaje: «Pensando en la ancianidad». A su alcance en: 



viernes, 23 de agosto de 2024

Un curioso soneto de Francisco Luis Bernández

El escritor, crítico literario y diplomático argentino, Francisco Luis Bernández (1890-1978) tiene un curioso soneto, donde logra una conjunción de términos que, en la profundidad de sus ideas, llega a ser hasta graciosa. Así se lee:

Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,

     si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.

    Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.

    Porque después de todo he comprendido
por lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.


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Edición: Víctor de Lama. Sonetos de amor. Francisco Luis Bernárdez, Soneto. Madrid: Biblioteca Edaf, 2006, p. 169. 



domingo, 18 de agosto de 2024

Cada cuarenta segundos...

Esta noche, Moisés Naim, en la presentación a CNÑ de su libro, Lo que nos está pasando, comenta: «Cada cuarenta segundos alguien se quita la vida en el mundo». Lúgubres estadísticas; expresan tristezas no siempre confesadas; definen el fracaso de médicos, psicólogos, psiquiatras, ideólogos, sociólogos, filósofos; todas las ciencias fracasaron cada vez que un hombre se quita la vida; al tiempo de hacerlo fracasó la humanidad.
Cada cuarenta segundos una persona dice, por última vez: «Estoy muy cansado...». Cada cuarenta segundos se apaga la vida de alguien que quizá fue la alegría de los que le vieron nacer, el mimo del hogar, el orgullo de los padres, el amigo de sus amigos, el vecino bueno de sus vecinos, el maestro de sus alumnos, el buen colector de las frutas que comí.
Si por un instante miraran a Cristo; si tuvieran siquiera una idea del poder vitalizante del Evangelio. 
Cada cuarenta segundos, cada cuarenta segundos...



jueves, 15 de agosto de 2024

Las palabras que no se dijeron

Nada rompe tanto los corazones como las palabras que no se dijeron. Los silencios se conjuran para dejar heridas que no se olvidan.
El heraldo del existencialismo idealista, Søren Kierkegaard, afirmó: «La vida solo puede ser comprendida mirando atrás...». Al hacerlo, al buscar comprender el significado del camino andado, nos ensombrece mirar a un pasado lleno de silencios. Los «te quiero» que nos faltaron con los padres, los hijos, los hermanos, los amigos, rompieron sus corazones ayer; rompen el nuestro hoy.
Quizá Dios te esté moviendo a decir a alguien cuánto lo quieres. Le va a hacer mucho bien. «La palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!» (Prov. 15:23). 
Hazlo, y ese «te quiero» perfume tu memoria mañana, porque las palabras que no se dijeron..., qué estelas de sombras dejan al recuerdo.
Rompamos silencios, no corazones.



domingo, 11 de agosto de 2024

Ten cuidado, es muy peligroso

Temprano, todavía en la adolescencia, conocí la obra de José Ingenieros (1877-1925) a través de Las fuerzas morales, un libro incomparable que todavía conservo. La producción literaria de este escritor italo-argentino debía ser lectura obligatoria para todos los estudiantes de enseñanza media. El pensador me sorprendió al escribir: «Sobresalir es incomodar (...). Toda personalidad eminente mortifica la vanidad de sus contemporáneos y los inclina a la venganza» (1). Para entonces, en los albores de la vida, creí que aquella afirmación era un error, una catarsis de amargura, el fruto personal de una mala experiencia. Hoy, frisando el crepúsculo, pienso en cuánta razón tenía.

Dos mil novecientos años atrás, Salomón, el hombre más sabio que haya existido, lo había descubierto. Él escribió: «He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo» (Ec. 4:4).

¿Sobresales en algo, en orden, limpieza, honradez, capacidad de trabajo? ¿Sobresales en seguidores, lectores, comentaristas, amigos? ¿Sobresales en finanzas o frutos que per se muestran éxito sin necesidad de anuncios? Ten cuidado, es muy peligroso.



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(1) José Ingenieros. Las fuerzas morales. La Habana, Cuba: Vida habanera, 1961, p. 66.




sábado, 10 de agosto de 2024

Violín de Becho

Composición de Alfredo Zitarrosa, No puedo recordar el punto de la juventud en que la escuché por primera vez. Es la suma de todas las nostalgias y la elevación a la más egregia hombradía. Más que una milonga uruguaya, es un himno, una oda al carácter; resumidamente, una poesía a recordar.

Cantada es incomparable en la voz de Soledad Bravo

https://youtu.be/iNsIcCETVHA

 

Violín de Becho

 

Becho toca el violín en la orquesta

Cara de chiquilín sin maestra

Y la orquesta no sirve no tiene

Más que un solo violín que le duele.

 

Porque a Becho le duelen violines

Que son como su amor, chiquilines

Becho quiere un violín que sea hombre

Que al dolor y al amor no los nombre.

 

Becho tiene un violín que no ama

Pero siente que el violín lo llama

Por las noches como arrepentido

Vuelve a amar ese triste sonido.

 

Mariposa marrón de madera

Niño violín que se desespera

Cuando Becho lo toca y se calma

Queda el violín sonando en su alma.

 

Porque a Becho le duelen violines

Que son como su amor, chiquilines

Becho quiere un violín que sea hombre

Que al dolor y al amor no los nombre.

 

Vida y muerte, violín padre y madre

Canta el violín y Becho es el aire

Ya no puede tocar en la orquesta

Porque amar y cantar, eso cuesta.




martes, 6 de agosto de 2024

El que escribe se empodera

El que escribe se empodera. Temible cañón el que truena con cada palabra, con cada idea escrita. Los tiranos temen al que escribe más que al que dispara un fusil. El ruido de las balas es temporal; dura el tiempo que demora la pólvora en disiparse. El eco de las palabras no; estas no solo soportan las leyes de la caducidad, sino que crecen en poder a medida que pasa el tiempo. 
Piense por un instante en la vigencia de Platón, Aristóteles, Eratóstenes o Demócrito. Ellos no usaron espadas, pero con sus obras moldearon el pensamiento del hombre moderno; sus ideas bosquejaron la cultura occidental.
Nadie sabe hasta donde llegará la ola de las palabras, qué tierras ignotas tocarán con las ideas que llevan, qué nuevos moldes vendrán a ser en la vida de los que leerán. 
De todos los poderes que emanan de un hombre, ninguno como escribir; es como retumbar en los oídos mismos de la historia. 
«Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas» (Ap. 21: 5b).



domingo, 4 de agosto de 2024

Acerca del mensaje de hoy del Rev. Agustín Campos


Disponible en: https://fb.watch/tLI7zaiBZt/

Atendiendo a varios compromisos ministeriales que se simultanearon, mi esposa y yo nos las arreglamos para escuchar en línea la predicación de hoy, domingo 4 de agosto de 2024, de nuestro Pastor, el Rev. Agustín Campos, desde la floreciente Iglesia «Casa de Oración» levantada en la gracia de Dios en la bellísima ciudad de Longview, Texas. 

Pensábamos, al comenzar, que se trataría de algo cotidiano, propio de los caminos noblemente ungidos que sigue este efectivísimo expositor de la Palabra, pero, para nuestra sorpresa, fue sacudidor verle arremeter con una aplicación bíblica que, por casi cuarenta años en el púlpito, busqué y no encontré. Se trata de la mil veces cruenta historia narrada en Jueces 19-21, en que se combinan horribles violaciones, con descuartizamientos y guerras. ¿Cómo encontrar un camino para narrar y posteriormente aplicar algo así, tan feroz, brutal y sanguinario? El Pastor Campos la encontró magistralmente cuando dijo que, el gran problema de la homosexualidad contemporánea, descansa en el apoyo de los que no lo son. Por el mismo camino, el gran problema que se suscitó en aquellos lejanos tiempos que abarcan esos capítulos de Jueces tiene que ver con que los hijos de Benjamín, que no participaron de la atrocidad registrada en esos capítulos, se solidarizaron y defendieron a los que lo hicieron: «Y las tribus de Israel enviaron varones por toda la tribu de Benjamín, diciendo: ¿Qué maldad es esta que ha sido hecha entre vosotros? Entregad, pues, ahora a aquellos hombres perversos que están en Gabaa, para que los matemos, y quitemos el mal de Israel. Mas los de Benjamín no quisieron oír la voz de sus hermanos los hijos de Israel, sino que los de Benjamín se juntaron de las ciudades en Gabaa, para salir a pelear contra los hijos de Israel» (Jue. 20:12-14).

 «Y derrotó Jehová a Benjamín delante de Israel; y mataron los hijos de Israel aquel día a veinticinco mil cien hombres de Benjamín» (Jue. 20: 35). «Y los hombres de Israel volvieron sobre los hijos de Benjamín, y los hirieron a filo de espada, así a los hombres de cada ciudad como a las bestias y todo lo que fue hallado; asimismo pusieron fuego a todas las ciudades que hallaban» (Jue. 20: 48).

La solidaridad con el pecado es mala. Los que no participaron de la atrocidad ampararon y unieron fuerzas con los que la habían cometido. Tal cosa estuvo a punto de costar la desaparición total de una de las tribus de Israel, aquella de la que descendería el apóstol Pablo.

Hoy la historia se repite. Menos del 1% de la población mundial sigue los caminos de esa rotunda perversión que significa la homosexualidad, claramente condenada como práctica abominable en la Biblia. Menos del 1%...; el resto de la humanidad se conjura entonces para secundar tal cosa, a nivel de Naciones Unidas, de influyentes organizaciones internacionales, senados y cámaras de los países más importantes del mundo. No se esperen consecuencias mejores de las que, para entonces, sufrió la tribu de Benjamín.

Es el fin. Cristo viene pronto, y en tanto sea raptada la Iglesia disfrutemos de esta brillante aplicación que hace uno de los mejores expositores bíblicos de nuestro tiempo: el Pastor Agustín Campos, más conocido en todos los Estados Unidos, América Latina y Asia, como «el dulce cantor de Longview».

Dios los bendiga, Pastores Agustín y Mere Campos.



sábado, 3 de agosto de 2024

No quieren ministerio, quieren cargo

Se llamó Jeremías. «Con amor eterno te he amado» (Jer. 31:3), le dijo Dios. Siendo así pudiera esperarse que, en el anticipado conocimiento de todas las cosas, viendo Dios la destrucción de Jerusalén ─605 a.C─, le sacaría previamente de allí, pero no fue así. Sobre Jeremías estaba un ministerio. Él sería la voz de Dios en medio del caos; tendría que decir lo que nadie quería oír. Por razón de la palabra profética ganaría la enemistad de todos en un innavegable  mar de infamaciones. Era el precio que debería pagar al sostener en su espíritu el ministerio más grande de su tiempo.
¿Seguro que quieres un ministerio? ¿No será un cargo lo que anhelas? ¿Ministerio o cargo?  Un poco punitiva la pregunta, ¿verdad? Algunos debieran hacérsela, si acaso conocen la diferencia que hay entre una cosa y la otra, porque muchos en nuestro tiempo lo que verdaderamente anhelan son los cargos y no el ministerio. 
A más de ser actores centrales en la vida de la Iglesia reunida, los ministerios están en la inhóspita selva amazónica, en las azufradas cárceles, en los hacinados hospitales, en los tristes hogares divididos, en las amenazadoras cortes penales, en las bulliciosas plazas públicas; allí están. El poder que levantan despierta resistencia; la resistencia implica golpes, inflamaciones, deshonras, amenazas... «Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán...» (Jn. 15:20).
Los cargos, en cambio, llevan a adulaciones envolventes, aplausos hipócritas, vítores festivos, abrazos fingidos, regalos comprometedores, prebendas, llamadas, honras rancias de vanidad. Y junto a todo esto, en estampida indetenible, las tres temibles «F»: famas, finanzas, faldas...
La historia ha visto tanta competencia por cargos; en las guerras a las que tales cosas han dado lugar se han dividido penosamente tantas organizaciones. Las Asambleas de Dios de México sufrieron un duro golpe de división en 1930. ¿Qué les pasó? Una guerra de cargos: David Genaro Ruesga contra el liderazgo norteamericano en la nación azteca. Las Asambleas de Dios de Cuba estuvieron a punto de desaparecer en 1940. ¿Qué pasó? Una guerra de cargos: Francisco Rodríguez Agosto contra Lorenzo Perrault; aquella que sería la organización evangélica más fuerte y numerosa de la isla caribeña quedó reducida a siete congregaciones; tan penosa confrontación trajo a poco la renuncia del superintendente (1). 
Muchos caen de los cargos, pero muy pocos del ministerio; puede entenderse la razón: los cargos vienen de los hombres; el ministerio viene del cielo. Las cosas terrenales participan de la temporalidad humana: «polvo eres, y al polvo volverás» (Gn. 3:19). La investidura célica tiene un sostenible hálito de eternidad y un envolvente abrazo de poder: «pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová» (Jer. 15:20)
El ministerio hace nacer en el corazón un inescapable impulso al accionar de la predicación y la fe, aún cuando humanamente ya no lo queramos. Tal cosa está detrás de las palabras de Jeremías: «Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude» (Jer. 20:9).
Cerciórese de tener un claro rumbo, porque muchos por estar detrás de los cargos han venido a estar totalmente fuera del ministerio al que Dios les llamó ─conozco a uno que es rector de una facultad y no es maestro bíblico─.
Un cargo sin el ministerio correspondiente es un estorbo, y no hay un término que mejor describa la condición que alcanza el tal, en el ejercicio de funciones para las que no fue llamado, sino por la perecedera voz humana. 
Cerciórese de que arde en su corazón la pasión del ministerio ─y no hay ministerio sin pasión, esa que retuvo a Jeremías dentro de Jerusalén en el peor momento de su historia: se destruiría la nación y se perdería el Arca─.
Cerciórese de que está trabajando para quitar los estorbos que dañan su accionar ministerial.
Cerciórese de que su meta en la vida no es el cargo vano, tan peligroso, tan lleno de glorias personales. 
Cerciórese de que lo mueve la investidura ministerial de que Dios lo dotó; esa que lo llevará al pozo cenagoso en qué se hundieron los pies de Jeremías; al desolado foso con pan y agua; al cepo penitente en que fijaron los brazos y los pies del profeta, en rechazo cortante a una palabra que venía de Aquel Trono que está en el Tercer Cielo. 
Cargos y ministerios... 
Si se asombra de pensar que muchas veces andan por caminos dispares ─el primero detrás del púlpito de oloroso cedro y el segundo bajo las piedras de la lapidación─ vuelva a leer la historia de Jeremías: el cargo de profeta estaba, entre muchos, sobre el falso Hananías hijo de Azur (Jer. 28:1). «Y en los profetas de Jerusalén he visto torpezas; cometían adulterios, y andaban en mentiras, y fortalecían las manos de los malos, para que ninguno se convirtiese de su maldad; me fueron todos ellos como Sodoma, y sus moradores como Gomorra». El ministerio de profeta estaba en Jeremías, aquel execrado de todos que, a fuerza de sufrir, deseó morir. «Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones» (Jer. 1:5). 
Guárdate de aquellos que van a la convención detrás de cargos, y no a la cámara secreta detrás de ministerios; de los tales guárdate; pesado fardo son a su organización, porque no hay nada peor para los intereses del Reino de los cielos que uno con «cargo sin ministerio». Jesús fue condenado por el Sumo Sacerdote de Israel.
Cerciórese acerca de su llamado, sus anhelos y móviles, y cumpla Dios en su vida el ministerio al cual le llamó. 
El Señor le bendiga, y bendiga su ministerio.


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(1) Para más información puede consultar: O. Ríos. Historia de las Asambleas de Dios en Cuba. A su alcance en Amazon: https://mybook.to/historiaAD-1



jueves, 1 de agosto de 2024

Está en ti

El escritor alemán Hermann Hesse dijo una vez: «La mitad de la belleza depende del paisaje y la otra mitad, del hombre que lo mira». Visto así, toda belleza viene a estar parcelada en dos: una tiene que ver con aquello que expresan la montaña de imponente alzada, el mar calmado de azul sereno y la alondra que trina en la mañana. La otra está en los ojos que las admiran.
«Considerad los lirios del campo (...) ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos» (Mt. 6: 28, 29); así dijo el Señor Jesús a sus discípulos. Aquel mensaje de providencia estaba revelado en la belleza sin par de la flor, pero de nada valía que así fuera si ellos no eran capaces de verla. Al atender a Jesús y mirar, la belleza del lirio se hizo completa.
Hay un misterio que va más allá: es la de aquellos que ven belleza donde no parece estar. Toda se relega entonces a los ojos que miran: «las dos monedas de la viuda en el Templo», «el perfume derramado sobre Jesús a poco de Su muerte», «el corazón de los discípulos al tiempo que se les llamó»; tales esencias solo las vio el Señor, nadie más.
La mitad de la belleza está en el tapiz verde de la llanura, el brillo rutilante de la estrella y el tibio sol que dora la tarde. La otra mitad, la más importante, está en tus ojos; está en ti.


lunes, 29 de julio de 2024

Dos palabras a favor de Pedro

La negación que  Pedro hizo de Jesús no fue natural, nació de una opresiva inspiración satánica; vino con fuerza aplastante de aquel a quién el Señor llamó «príncipe de este mundo», (Jn. 16:11). ¿Cómo lo sabemos? Lucas 22:31, 32, lo revela: «Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos». 
Pedro, asombrado antes tales palabras contestó: «Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte» (v. 33). No era un hombre de dobleces, al hablar así era sincero. A poco de pronunciar aquellas palabras se lanzaría solitario, espada en mano, contra un pelotón del Templo; embistío a Malco, siervo del Sumo Sacerdote, que debió resaltar a la cabeza de los que venían contra Jesús (Jn. 18:10). Hasta aquí se estaba moviendo con esas pequeñas fuerzas humanas de las que todos presumimos. Aquellas palabras, «...no solo a la cárcel..., también a la muerte», eran una afirmación seria con la que el apóstol sería consecuente, pero no se trataba de presiones naturales: Satanás le empujaría con violencia a fin de hiciera algo que nunca hubiera hecho: negar al Señor. Acerca de las consecuencias de esa presión le diría Jesús:  «Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces» (v. 34). 
«El único poder coercitivo frente a las fuerzas del mal es el Espíritu Santo», así dijo un día a grandes voces la legendaria evangelista norteamericana Kathryn Kuhlman. Dos meses después vendría ese poder pleno sobre Pedro en Pentecostés, y ese golpeado pescador de Galilea, que titubeo ante una criada de Anás (Jn. 18:17), que claudicó ante matreros de orilla que le señalaron como galileo y obvio seguidor de Jesús, se levantaría y haría la más poderosa, temeraria y sacudidora presentación del Evangelio. A horas de aquel momento, en presencia no ya de la criada, sino del mismísimo Sumo Sacerdote, Caifás, de su suegro Anás y de Juan y Alejandro, funcionarios honoríficos del Templo, diría con irresistible poder: «Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hch. 4: 11, 12). 
Volverían sobre él las presiones satánicas, le seguirían la cárcel, la persecución, y finalmente en Roma la muerte, como testigo fiel del Señor Jesús, pero nunca más le negó. Enfrentó los demoledores empujes satánicos con un Poder que está sobre todo otro: aquel que solo puede traer a la vida del hijo de Dios el Espíritu Santo.
Pedro nos espera en el cielo. ¿Cómo lo sé? Juan lo  vio; su nombre está escrito en una de las bases de los cimientos del muro de la Nueva Jerusalén celestial. «Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero» (Ap. 21:14).
Aquel poder que hizo el cambio en Pedro lo puede hacer en ti. Poco importa la distancia a veces inmensurable con la que nos alejamos del Señor. Está previsto el regreso: «...y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos» (v. 32). 



domingo, 28 de julio de 2024

Didácticamente interesante

Si cambio la «W» por una «T» tengo la respuesta a la pregunta:

What - That
Where - There
When - Then

Didácticamente interesante.


viernes, 26 de julio de 2024

Nidia Abad, con el Señor


Éramos escolares cuando conocimos a Nidia Abad. Compartíamos escuela y aulas con sus hijitos, Ismael e Iriana. Nació y creció en la cálida Santiago de Cuba. Curiosamente, en la madrugada del 26 de julio de 1953, se encontraba en el Hospital Civil; requería atención quirúrgica de urgencia por apendicitis; minutos después era asaltado el Cuartel Moncada y el hospital venía a ser ocupado por veintiún asaltantes que disparaban contra sus muros y postas. Eran tiempos en que los medicamentos a usar debían ser llevados por los familiares. Su padre fue retenido a la entrada de la sede, y ella se vio bajo el riesgo de la dilación quirúrgica frente a tal urgencia. Tenía 13 años. Dios la guardó de morir. 
Supimos con admiración que, en las difíciles décadas de 1960 y 70, sostuvo grandes luchas en pro de la supervivencia de la fe familiar. Tenía una raigal formación católica. Al lado de su esposo, Ismael Alfonso, sacó adelante la vida natural y espiritual de su familia en ese mar de complejas contradicciones que fue la Cuba de entonces.
Inspiró a sus hijos en las artes, la lectura y el crecimiento personal. En sus años finales tuvo un curioso acercamiento al movimiento pentecostal cubano que nos hizo mirarla con renovada simpatía. Este 26 de julio de 2024 (qué fecha tan coincidente), se despidió de todos de este lado de la vida, y se elevó hasta alcanzar la recompensa eterna, en el descanso supremo de los santos. 
Nos precede en el cielo. Allí esperamos ver un día su sonrisa esplendente y su alma redimida. Su hijita, Iriana, con quién compartimos tantos años de fatigas escolares en barrios cercanos, le dedicó en la despedida este hermoso poema:

A mi mamá Nidia

En el susurro del viento, madre querida,  
Te siento cerca, en cada amanecer,  
Como un rayo de luz que, aunque perdida,  
Brilla en mi corazón y me hace entender.

Te extrañaré, Nidia, en cada instante,  
Tu risa, que era un canto, un sinfín de amor,  
Un eco en la casa, un abrazo constante,  
Tu esencia que vive, inmortal en mi flor.

Ahora en el cielo, con papá a tu lado,  
Y mi hermano que guarda tu risa también,  
Dios te llama suave, en su abrazo sagrado,  
Allí donde el tiempo no duele, amén.

Contigo se fue un pedazo de vida,  
Pero el legado es fuerte, nunca se irá,  
Con cada lágrima, con cada herida,  
Te llevo en mi alma, eternamente estarás.

Miro hacia arriba, busco tu estrella,  
La más brillante que en sus cielos brilló,  
Y en cada rezo, en cada centella,  
Te envío cariño, amor que no morirá.

A ti, madre Nidia, mi sueño serás,  
Recordarte siempre, jamás me abandonarás  
Aunque la distancia la vida seguirá,  
En mi corazón, por siempre, vivirás














jueves, 25 de julio de 2024

La soledad, desde la poesía uruguaya…

Juan Zorrilla de San Martín (1855-1931), para muchos el más alto exponente de la poesía romántica uruguaya fue Licenciado en Leyes y Ciencias Políticas, profesor de Literatura de la Universidad de Montevideo, Catedrático de Derecho Internacional, escritor, periodista y poeta. Dejó entrever en su versificación la noble influencia de Bécquer (1).

En su poema «La soledad», que aparece debajo, nos legó una honda percepción lírica que cierra en su última esquela con un sorprendente desenlace poético.

En 1975, Uruguay, agradecida, le levantó en bronce una estatua sedente. La colocaron en su terruño de Punta Carreta, Montevideo. En ella aparece el poeta con un libro abierto apoyado sobre la pierna derecha. Todos los que pasan por aquel hermoso paraje sureño pueden verla. Dicen sentirla regia, solemne, solitaria...

 

La soledad

 

La soledad se sienta al lado mío

De noche, a medio día, en la alborada.

Yo la miro, y me mira... y le pregunto:

           ¿De dónde vienes? Habla.

 

De un desierto, me dice, de un desierto

Tendido en sus arenas abrasadas;

De un bosque cuyos pájaros murieron

En una noche demasiado larga.

 

De las ruinas de un templo abandonado,

Entre las cuales los recuerdos andan

Como alondras heridas y sin nido,

Que buscan sitio en que morir calladas.

 

De una llanura que crucé de prisa

En la noche, después de una batalla;

Vengo hasta aquí desde muy lejos... Vengo

         Del fondo de tu alma. (2)

 

 

 

__________

 

 

(1) Tomás Fernández y Elena Tamaro. «Biografía de Juan Zorrilla de San Martín». En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea [Internet]. Barcelona, España, 2004. Disponible en:

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/z/zorrilla_de_san_martin.htm  

Accedido: 25 de julio de 2024.

 

(2) Se respetó la ortografía original del poema. Fue tomado de:

Roger D. Bassagoda. La poesía amatoria de Don Juan Zorrilla de San Martín. Montevideo: Imp. LIGU. 1952, p. 25.