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lunes, 24 de julio de 2023

¿Qué nos pasó?

La carta de José Martí a su hermana Amelia es un clásico del género epistolar. Sus párrafos son citas escolares, y hace poco me encontraba repitiendo algunas de sus sentidas palabras: «yo no puedo ser feliz, pero sé la manera de hacer feliz a los otros».

La celeridad en la cotidianidad y lo mucho de ordinario que hay en la vida moderna relega la epístola a la condición de una curiosidad museológica. Las MP4 sustituyeron a las flores, y los mensajes electrónicos (e-mails) a las cartas. ¿Por qué, si no son esencialmente excluibles? ¿Qué nos pasó? ¿Qué hizo que nuestra correspondencia en redes parezca escrita por un robot? ¿Por qué los textos de medicina, botánica, literatura o filosofía parecen redactados y editados por personas sin corazón? ¿Qué sucedió? ¿Qué cambió?

¿Es la crisis epistolar contemporánea consecuencia del crecimiento tecnológico? Absolutamente no; la tecnología nos dio recursos más dinámicos y expresivos para expandir las comunicaciones. Una carta que demoraba seis meses en llegar a China; hoy lo hace en seis segundos.

¿Qué nos pasó, entonces? Creo que asistimos a una peligrosa remoción en la delicadeza de los sentimientos, lo que nunca debimos perder.

Quiera Dios que la atención a esta carta ayude. El hombre que la escribió estuvo en presidio, organizó una guerra, domó la fiereza de los peores generales y murió en combate. Y la delicadeza de sus sentimientos nunca cambió.

 

José Martí. Obras Completas. Epistolario. Tomo XX, pp. 286-288.

(Se respetó la redacción original).

 

Nueva York, 1880.

Querida Amelia:

 

Tengo delante de mí, mi hermosa Amelia, como una joya rara y de luz blanda y pura, tu cariñosa carta. Ahí está tu alma serena, sin mancha, sin locas impaciencias. Ahí está tu espíritu tierno, que rebosa de ti como la esencia de las primeras flores de mayo. Por eso quiero yo que te guardes de vientos violentos y traidores, y te escondas en ti a verlos pasar: que como las aves de rapiña por los aires, andan los vientos por la tierra en busca de la esencia de las flores. Toda la felicidad de la vida, Amelia, está en no confundir el ansia de amor que se siente a tus años con ese amor soberano, hondo y dominador que no florece en el alma sino después del largo examen, detenidísimo conocimiento, y fiel y prolongada compañía de la criatura en quien el amor ha de ponerse.

Hay en nuestra tierra una desastrosa costumbre de confundir la simpatía amorosa con el cariño decisivo e incambiable que lleva a un matrimonio que no se rompe, ni en las tierras donde esto se puede, sino rompiendo el corazón de los amantes desunidos. Y en vez de ponerse el hombre y la mujer que se sienten acercados por una simpatía agradable, nacida a veces de la prisa que tiene el alma en flor por darse al viento, y no de que otro nos inspire amor, sino del deseo que tenemos nosotros de sentirlo;—en vez de ponerse doncel y doncella como a prueba, confesándose su mutua simpatía y distinguiéndola del amor que ha de ser cosa distinta, y viene luego, y a veces no nace, ni tiene ocasión de nacer, sino después del matrimonio, se obligan las dos criaturas desconocidas a un afecto que no puede haber brotado sino de conocerse íntimamente.—Empiezan las relaciones de amor en nuestra tierra por donde debieran terminar. Una mujer de alma severa e inteligencia justa debe distinguir entre el placer íntimo y vivo, que semeja el amor sin serlo, sentido al ver a un hombre que es en apariencia digno de ser estimado, —y ese otro amor definitivo y grandioso, que, como es el apegamiento inefable de un espíritu a otro, no puede nacer sino de la seguridad de que el espíritu al que el nuestro se une tiene derecho, por su fidelidad, por su hermosura, por su delicadeza, a esta consagración tierna y valerosa que ha de durar toda la vida.— Ve que yo soy un excelente médico de almas, y te juro, por la cabecita de mi hijo, que eso que te digo es un código de ventura, y que quien olvide mi código no será venturoso. He visto mucho en lo hondo de los demás, y mucho en lo hondo de mí mismo. Aprovecha mis lecciones. No creas, mi hermosa Amelia, en que los cariños que se pintan en las novelas vulgares, y apenas hay novela que no lo sea, por escritores que escriben novelas porque no son capaces de escribir cosas más altas—copian realmente la vida, ni son ley de ella. Una mujer joven que ve escrito que el amor de todas las heroínas de sus libros, o el de sus amigas que los han leído como ella, empieza a modo de relámpago, con un poder devastador y eléctrico—supone, cuando siente la primera dulce simpatía amorosa, que le tocó su vez en el juego humano, y que su afecto ha de tener las mismas formas, rapidez e intensidad de esos afectillos de librejos, escritos—créemelo Amelia—por gentes incapaces de poner remedio a las tremendas amarguras que origina su modo convencional e irreflexivo de describir pasiones que no existen, o existen de una manera diferente de aquella con que las describen. ¿Tú ves un árbol? ¿Tú ves cuánto tarda en colgar la naranja dorada, o la granada roja, de la rama gruesa? Pues, ahondando en la vida, se ve que todo sigue el mismo proceso. El amor, como el árbol, ha de pasar de semilla a arbolillo, a flor, y a fruto.—Cuéntame Amelia mía, cuanto pase en tu alma. Y dime de todos los lobos que pasen a tu puerta; y de todos los vientos que anden en busca de perfume. Y ayúdate de mí para ser venturosa, que yo no puedo ser feliz, pero sé la manera de hacer feliz a los otros.

No creas que aquí acabo mi carta. Es que hacía tiempo que quería decirte eso, y he empezado por decírtelo.—De mí, te hablaré otro jueves.—En éste sólo he de decirte que ando como piloto de mí mismo, haciendo frente a todos los vientos de la vida, y sacando a flote un noble y hermoso barco, tan trabajado ya de viajar, que va haciendo agua.—A papá que te explique esto que él es un valeroso marino.—Tú no sabes, Amelia mía, toda la veneración y respeto ternísimo que merece nuestro padre. Allí donde lo ves, lleno de vejeces y caprichos, es un hombre de una virtud extraordinaria. Ahora que vivo, ahora sé todo el valor de su energía y todos los raros y excelsos méritos de su naturaleza pura y franca. Piensa en lo que te digo. No se paren en detalles, hechos para ojos pequeños. Ese anciano es una magnífica figura. Endúlcenle la vida. Sonrían de sus vejeces. El nunca ha sido viejo para amar.

Ahora, adiós de veras.

Escríbeme sin tasa y sin estudio, que yo no soy tu censor, ni tu examinador, sino tu hermano. Un pliego de letra desordenada y renglones mal hechos, donde yo sienta palpitar tu corazón y te oiga hablar sin reparos ni miedos—me parecerá más bella que una carta esmerada escrita con el temor de parecerme mal.—Ve: el cariño es la más correcta y elocuente de todas las gramáticas. Di ¡ternura! y ya eres una mujer elocuentísima.

Nadie te ha dado nunca mejor abrazo que éste que te mando.

¡Que no tarde el tuyo!

 

Tu hermano

 

José Martí



domingo, 23 de julio de 2023

Víctor Hugo y el español

Muy joven aprendí de memoria «El mar y la fuente». Es un precioso poema de Víctor Hugo. Ya de adulto empecé a dudar de que el gran poeta y escritor francés pudiera lograr en español una armonía rítmica y una asonancia tan perfecta como la que aparece en él. A más de esto descarté que pudiera ser un ejercicio de traducción perfecta. Luego leyendo biografías del recordado autor de Los miserables descubrí que pasó la infancia en España. El español fue para él una segunda y temprana lengua. Amó la lengua de Cervantes, al grado de que muchos le atribuyen este pensamiento; aparece en cientos de publicaciones: «El inglés es ideal para hablar de negocios, el alemán se hizo para las ciencias, el francés es el lenguaje del amor; el español..., ¡ah, el español!; ese es el idioma para hablar con Dios!» (1). 

No encuentro la fuente directa en sus obras, pero estoy muy lejos de tenerlas todas. Y hoy quiero pensar que sí lo dijo.

Gracias, Maestro, por darle importancia a mi lengua. Muchos hispanos no lo hacen. Los chicanos de mi medio se avergüenzan de ella. En la pequeña ciudad de Carthage, al este de Texas, prediqué el Evangelio en las calles. Una mañana me acerqué a un joven chicano, más étnicamente mexicano que Moctezuma. Le pregunté: «Do you speak spanish?». Él me contestó: «No». Impasible le dije: «It's not a problem for me. I am the Pastor of the Spanish Church in this city, and I wanted to invite you. We have service on Sunday at 10 a. m. Please, accept this Evangelical Tract in English, and invitation from me». Le pregunté entonces: «Do you understand my English?». Me contestó secamente: «Yes»; ni siquiera formalizó con el «I do». Me despedí de él lo más fraternalmente que pude: «Jesus loves you. I hope to see you again. God bless you».

Anduvimos un rato por la pequeña ciudad evangelizando. Minutos después mi esposa quiso entrar a una tienda de ropa económica. Llevábamos muy poco tiempo en los Estados Unidos. Caminábamos así entre los pasillos donde la ropa se expendía, y sin querer me acerqué a un joven que hablaba por teléfono de espaldas a mí a través de su móvil. Lo hacía en perfecto español. Era aquel joven chicano...

Pensé en muchas cosas, en el rechazo al Evangelio, en la dureza de los corazones, en la Obra de Dios; pero también pensé en Víctor Hugo y en mi lengua.

Los chicanos la desprecian, los cubanos la maltratan, los centroamericanos la desorganizan, los españoles la llenan de términos malsonantes. El más grande escritor francés del siglo XIX, el más formidable genio literario de su tiempo, el maestro de los que saben, él se deslumbró con ella; porque no hay una lengua más radiante en toda la tierra, ni vehículo sonoro más conmovedor a la hora de expresar las verdades más bellas.

Víctor Hugo la amó. Él era francés...

 

 

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(1) Ernesto Pérez Castillo. La Calle del Medio. Abril de 2009, p. 4.



sábado, 22 de julio de 2023

Algo más que cantar al amor

Gustavo Adolfo Bécquer, «el ángel de la verdadera poesía» (1), al decir de Antonio Machado, es el poeta del amor por excelencia. Trazó, sin embargo, pinceladas poéticas a otras temáticas, y todos la aprendimos en edad escolar. En esta rima Bécquer expresa un pensamiento de añoranza sobre el talento en ciernes, ese don no aplicado aún y dormido en cada ser humano, esa semilla que vive como potencial. Cada ser humano es un tesoro por explotar. Quiera Dios que su efluvio brote en ti hoy.

 

Rima VII. Gustavo Adolfo Bécquer

 

Del salón en el ángulo oscuro,

de su dueño tal vez olvidada,

silenciosa y cubierta de polvo

veíase el arpa.

 

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas

como el pájaro duerme en la rama

esperando la mano de nieve

que sabe arrancarlas!

 

¡Ay! —pensé—, ¡Cuántas veces el genio

así duerme en el fondo del alma,

y una voz, como Lázaro, espera

que le diga: “Levántate y anda”! (2)

 

 

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(1) Antonio Machado. Tu voz amante. Selección, cronología y notas de Esteban Llorach Ramos. La Habana: Editorial Gente Nueva, 2009, p. 24.

(2) Gustavo Adolfo Bécquer. Rimas. Edición electrónica, p. 11. Accedido en: https://infolibros.org/pdfview/15817-rimas-gustavo-adolfo-becquer/ Accedido: 23 de julio de 2023, 10:00 p. m.




viernes, 21 de julio de 2023

Ernesto

Supe por una apreciada compañera de la enseñanza primaria, con quien compartí el mismo barrio por casi treinta años, que mi amigo Ernesto murió. ¡Cuánto lo sentí! Era un buen muchacho. Tenía muchos hermanos, tantos que nunca los pude contar. En esa cuadra de Amistad y Trocadero donde él vivía, jugábamos pelota de niño. Me sentía seguro y bien entre ellos. Ernesto y yo estuvimos en la misma aula toda la Primaria. Aprendimos a leer y a escribir juntos. Luego compartimos la Secundaria, aunque en aulas diferentes, en la Escuela «Tomás Romay», de Consulado y Ánimas. Sufrimos de cerca aquellas tres escuelas al campo. Él se sacrificó y ocupó mi lugar en una brigada difícil donde yo no quería estar.

Te cuento algo un poco simpático, aunque vaya si fue estresante para mí: debe de haber sido en cuarto grado, 1973-1974, cuando ya los exámenes comenzaron a complicarse un poco, y ocurrió delante de una profesora algo represiva, que creo era MJM. Nos repartieron la hojita del examen; era de redacción, posiblemente de historia, y debía completarse en unos treinta minutos. Terminé airoso mi pruebita, y como no se podía entregar hasta que todos hubieran acabado aproveché el silencio, tenía sueño y me puse a dormitar. Así estuve uno o dos minutos. Abrí entonces los ojos para ver cómo estaba el ambiente y al echar una mirada al examen... ¡casi me desmayo!; ¡estaba en blanco! «¡¿Qué pasó aquí?!»; casi grité desconcertado. Sherlock Holmes, reencarnado en su novena generación brotó en mí, y mirando a mi derecha, vi de inmediato el rostro suplicante de mi amigo Ernesto. Mis sospechas estaban confirmadas: tenía mi examen en su pupitre; le había borrado mi nombre y había puesto el suyo. A un tiempo había puesto su hoja en blanco sobre mi mesa. Con un gesto mímico de labios (no podíamos hablar), le grité en silencio: «¡¿Tú estás loco?!». Pero era tal la súplica que tenía en los ojos mi amigo... Cuando yo tenía un problema con otros muchachos en el barrio él venía; y si se tenía que fajar se fajaba; era bravo. Ahora el que estaba en apuros era él; de modo que no me quedaba otra alternativa: tuve que volver a hacer el examen en los cinco minutos que quedaban —¡dije cinco minutos!; ¿leyó bien?—. Me convertí esa mañana en un pionero indiscutible del fraude académico y un émulo de Juan Manuel Fangio en materia de velocidad. 

Al sonido del timbre todos empezaron a entregar su examen, y yo, que había sido el primero en acabar, fui el último en entregar; casi me lo tienen que quitar de la mano...

Pero ahí no termina la paradoja. Allá va..., a ver si la puede entender: Ernesto sacó cien puntos, y yo..., ¡noventa y cinco! ¡¿Alguien puede explicarme eso?!


¡Cuánto quise a ese negrito! Era mi hermano de ébano. Descanse en el Señor.

 

Moraleja 1: Nunca te duermas en un examen...

Moraleja 2: Tus amigos son parte de tu vida. Recuerda con amor los apuros que te hicieron pasar. Y no olvides nunca que, alguna vez, tú fuiste el apuro de ellos.




jueves, 20 de julio de 2023

Así sucedió

En el verano de 1986, todavía en quinto año de la carrera, entrenaba en el Estadio Universitario «Juan Abrantes» de La Colina, buscando un cambio de cinta a grado superior en judo. El entrenamiento fue brutal; hacía mucho calor; el kimono era grueso, sudaba copiosamente y no tuve cuidado de rehidratarme todo lo bien que debía. Sucedió entonces algo que podía esperarse: hice una concentración de sales y estallé con un cólico nefrítico en plena conferencia de Psiquiatría, en el Hospital Psiquiátrico de La Habana en Boyeros (Mazorra). Soporté como pude los cortos minutos que faltaban para el cierre del turno. Apenas me podía mover. Pedí ayuda al profesor. Me estaba cayendo, retorcido de dolor. Me trasladaron en una camilla hasta la unidad de guardia del hospital. Me premedicaron, pero empeoré. Una ambulancia me llevó de urgencia al Hospital «Miguel Enríquez» (Benéfica). La guardia de Medicina Interna diagnosticó cólico nefrítico y acometió tratamiento con estupefacientes-analgésicos (Espasmaforte), relajantes de músculo liso (Papaver) y antihistamícos-antieméticos (Prometazina). Con hidratación generosa mejoré algo. Caí en el letargo de los medicamentos. Le dije al médico de guardia que me iba a casa y seguiría tratamiento en mi hospital. Llegué a mi hogar a las 6:00 p. m. Mi madre se asustó cuando me vio lívido, con sangre en la bata.

Me recosté treinta minutos, y en aquel estado recordé que ese día ministraba en el Templo Central de «Infanta y Santa Marta» de mi Organización (Asambleas de Dios) el legendario evangelista cubano, Orson Vila, la voz más alta del evangelio pentecostal insular, posiblemente en toda su historia. Quería ir y estar allí, aunque no fuera totalmente consciente de todo lo que se dijera o hiciera.

Me levanté, cambié de ropa y, entre los regaños de mi madre, me fui allá...

No era siquiera una campaña evangélica; era una predicación en un recorrido de paso del evangelista hacia otros rumbos. Al llegar encontré el templo desbordado. Más de setecientas personas llenaban el piso y los laterales. Un amigo me vio y me abrió un pequeño espacio a su lado. Me acomodé con él como pude, entre el cuarto y el quinto banco del frente, a la derecha, visto desde la puerta. Ya el servicio había comenzado; la alabanza estaba por todo lo alto; Orson Vila estaba predicando, y yo solo sentía que me estaba cayendo. En pleno servicio inicié reacciones vasomotoras (sudoraciones frías), y por un momento sentí que me iba a desvanecer. «Señor, solo vine a honrarte...; qué mal me siento...»; así le dije en mi corazón.

Orson Vila hizo entonces algo que nunca en más de treinta años le vi hacer después: él interrumpió el sermón y arrancó con la más fuerte ministración en el Espíritu que le haya oído nunca. Mientras la gente estaba de pie con sus brazos en alto, comenzó a moverse caminando desordenadamente por encima de los bancos, hasta que se acercó a cinco metros del lugar en que yo estaba de pie, a mi izquierda. Puedo recordarlo como si hubiera sucedido hoy: se volvió bruscamente a mí, me miró, y se espantó...; levantó su brazo derecho, me señaló y gritó con todas sus fuerzas: «¡Allí se acaban de sanar unos riñones!».

Caí sentado, casi desplomado, en el banco. El efecto aturdidor de los estupefacientes desapareció en ese instante; la pena dolorosa lumbar izquierda, que me obligaba a cambiar de posición terminó; el sudor y el frio de la hipotensión se fueron. No puedo recordar más... Solo sé que, en ese instante, fui inmensamente feliz.

¿Fui sugestionado? Alguien puede pensarlo; pero a esa persona le quedarán para siempre las preguntas: «¿cómo supo el evangelista que tenía dañado el riñón, entre tantos órganos del cuerpo, si no lo hablé con nadie, si solo Dios lo sabía? ¿Cómo desaparecen la orina turbia, la disuria, la hematuria, el aletargamiento químico, por sugestión? ¿Cómo regresé a la lucidez plena en un instante?». 

No requerí más medicación. No fui a ver al urólogo. Al día siguiente estaba en clases muy temprano. Mis compañeros, algunos de ellos comunistas acérrimos, me preguntaron cómo seguía. «Nunca he estado mejor. Dios es bueno, y trató conmigo». Así les dije. 

Ellos sonrieron. Yo también...




miércoles, 19 de julio de 2023

La sanidad divina es bíblica y experiencial

Hacía poco tiempo me había examinado como Especialista en Medicina Interna; corría el año 1991 o 1992, no más. Trabajaba en la Unidad de Cuidados Intermedios (UCIM) del Hospital “Calixto García”, Vedado habanero. Los pastores solían enviarme algunos casos de manejo delicado, familiares cercanos, líderes, hermanos, cosas así. Ese mediodía el Superintendente Nacional de la Organización, Rev. Humberto Martínez Sabó, ya con el Señor, me envió para su valoración a Liudmila Pons. Esta era una dama de unos sesenta años, hermana de su esposa. Nos sentamos en la oficina y la escuché. Tenía tos, expectoración y falta de aire (disnea), pero más que todo, había bajado mucho de peso en los últimos tres meses.

—¿Fiebres vespertinas o cosas así? —le pregunté pensando en tuberculosis.

—No —me contestó.

La ausculté cuidadosamente. No tenía ruidos de ventilación en el hemitórax derecho. A la percusión tenía una sonoridad acentuadamente apagada. Las vibraciones vocales estaban exageradamente altas. Conclusión: no estaba ventilando nada del lado derecho.

Hablé con el fraterno José Ramón, técnico de Rayos X, que atendía me Unidad. Él fue amable y le hizo una radiología de tórax. Me la trajo personalmente. Tal como temía: el hemitórax derecho estaba colapsado, ocupado por una masa pulmonar tumoral que se extendía de lado a lado y de arriba abajo. Hablé con el equipo de cirugía de tórax (Dr. Frías) y acordamos empezar estudios con perspectivas quirúrgicas. La ingresé en los Cuidados Intermedios de Cirugía y la estudiamos extensamente con todos los recursos imagenológicos. Estuve presente en la mayoría de ellos, porque era un caso cercano. Todo fue concluyente: cáncer de pulmón avanzado, con metástasis esofágica y de ganglios mediastinales. Nada por hacer. Los cirujanos me sugirieron lo habitual: envíala a casa, dale seguimiento paliativo (alivio del dolor) y habla con la familia, para que se preparen...

Reuní al Rev. Sabó y a la esposa. Les expliqué directamente el diagnóstico y las implicaciones. Ellos fueron conscientes de los hechos, vieron las imágenes de las tomografías, las radiologías; todo lo que se hizo estaba cuidadosamente registrado en la gruesa historia clínica que puse ante ellos. Hablé luego con la señora Liudmila, hermana en la fe. Enmascaré el diagnóstico y le hablé de un asunto crónico que requería seguimiento. La cité para dentro de quince días. Comencé a evolucionarla por consulta externa. Al cabo de un mes o dos, vino. Le indiqué la radiología evolutiva. Estaba muy cargado en la sala ese día; la envié con una pequeña nota al técnico de Rx (José Ramón) como hacíamos muchas veces. A la hora regresó Liudmila con la radiología de tórax. Estaba en ese momento en medio de un paro cardiorrespiratorio. En una pausa breve miré de golpe la radiología, y muy contrariado por la presión de tiempo, vi que era normal.

—José Ramón se confundió de placa. Esta no es —le dije a Liudmila.

Ella no supo qué contestarme.

—¿Qué hago? —me dijo.

—Espéreme treinta minutos —le pedí.

Estabilizada la sala, dejé al residente, y subí al tercer piso, donde estaba José Ramón.

—José, esta no es la placa de Liudmila —le dije.

Me miró asombrado, y me dijo:

—Sí, Doctor. Es esa; es la única que he hecho en las últimas dos horas.

—No puede ser esta. Ella tiene el hemitórax derecho completamente congelado por un tumor. Está bien estudiada. ¿No te acuerdas de ella? Tú le hiciste la primera placa aquí mismo.

—Ah..., a mí me parecía conocida... Pero esa es su placa de ahora.

—Jóse, por favor... —le dije hasta cambiándole el acento al nombre para suavizar tensiones.

Como la discusión no se iba a acabar, me dijo:

—Si quiere la repetimos...

—Por favor...—le dije.

Bajé a la UCIM, subí a Liudmila, y me quedé afuera del cuarto oscuro de radiología sentado, esperando. Salió Liudmila; me llamó José Ramón:

—Venga para que la vea acabada de hacer, húmeda todavía.

Entré con él al cuarto de revelación. Aquel experimentado técnico levantó triunfal su brazo izquierdo, donde sostenía la radiología recién hecha de Liudmila, sostenida todavía en la percha metálica. Me ericé de arriba abajo: era normal.

Bajé con ella «como una bala». Le subí la blusa y la ausculté cuidadosamente. El pulmón estaba ventilando como el de un niño. Muy confundido, le dije:

—Es normal... —casi le estaba exigiendo una explicación.

Me sonrió, y me dijo:

—Este sábado en el culto de oración de mi Iglesia, en El Diezmero, oraron por mí, por este mal crónico, y me ungieron con aceite. Y yo sentí a Dios como nunca. Inundó mi cuerpo. Supe que estaba bien. Vine por disciplina.

No pudo conmoverme más oír un relato así.

Llamé al Superintendente Nacional, Rev. Sabó. Nos reunimos. Ellos tenían la convicción de que Dios había obrado. Como profesional me correspondía extender el seguimiento. Los análisis de laboratorio se normalizaron. Los siguientes estudios arrojaron resultados loables. Seis meses después le di de alta. Los cirujanos nunca supieron qué decir con claridad. «Es raro que algo así suceda. No habíamos visto que algo tan extensivo remitiera en tan poco tiempo. Sería bueno darle seguimiento y si remitió totalmente publicarlo. Habrá que pensar en errores, pero sería entender que se equivocaron tres tipos de medios diagnósticos: imagenológicos, anatomopatológicos y de laboratorios. Es raro», así me dijeron aquellos experimentados cirujanos.

Han pasado más de treinta años. Llegue usted a sus propias conclusiones.

Sé que a veces los cristianos oramos y no nos sanamos, pero le ruego, no trate de convencerme de que Dios no puede sanar el peor mal que pueda asolar nuestro cuerpo, por dos razones:

1. Es bíblico: «Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados» (Is. 53: 4, 5). Las sanidad divina recorre con fuerte énfasis el ministerio del Señor Jesús en los Evangelios, y se resalta con gran gloria en los Hechos de los Apóstoles.

2. Es experiencial. La sanidad divina es uno de los pivotes sobre los que gira el movimiento pentecostal contemporáneo, y puedo hacerte tantas historias como tiempo tengas para oírme; solo que, algunas son tan asombrosas que no me vas a creer.




martes, 18 de julio de 2023

Amar al que no inspira amor

No hubo enseñanza más humanamente antitética para los que escucharon a Jesús aquel día: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian» (Lc. 6: 27, 28).

Los rústicos pescadores y aldeanos que le rodeaban, y nosotros con ellos, pensaron: «No es posible... Las personas que nos odian no inspiran amor».

Tenían razón en lo humano. Tardarían tres años en verle morir en la Cruz por personas como tú y como yo, que no merecemos Su amor.

El amor de Él a nosotros, el amor de nosotros a los que no nos aman; es la Obra del Espíritu Santo.



lunes, 17 de julio de 2023

Nearer, My God, to Thee

Nearer, My God, to Thee [Más cerca, Dios mío, de ti], muchos aseguran que estuvo entre las últimas notas que se oyeron de la banda musical del Titanic mientras este se hundía, en las gélidas aguas del Atlántico Norte, aquel 15 de abril de 1912.

Ningún músico sobrevivió. El tiempo que les quedaba para mover recursos a fin de preservarse a flote lo usaron para romper el frio silencio con tan sublimes acordes. Sostuvieron el alma de los pocos que oían, mientras se hundían...

Y con ellos murieron.

Cuando sostener almas cuesta la alegría, la ilusión, la seguridad o la propia vida.

 

André Rieu. «Nearer, My God, to Thee», in Amsterdam.

 https://youtu.be/v1mQT1u_45I

 

Nearer, My God, to Thee - The Tabernacle Choir

https://youtu.be/xaxrY1rxZKE



viernes, 7 de julio de 2023

Es una gran soledad

Marguerite Duras (1914-1996), novelista, guionista y directora de cine, miembro de la resistencia francesa en la Segunda Guerra Mundial, escribió: «Alrededor de la persona que escribe un libro siempre debe haber una separación de los demás. Esa separación es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir».[1]

Le faltó decir: «Es una gran soledad, y se acentúa en los escriben para personas que no leen». Olvidó también citar a la Ing. Alfonso Abad, cuando dijo: «Mayor y más penosa es la soledad del que no lee».




[1] Marta Agudo Barriuso y otros. Relatos cortos para silencios largos. Murcia, España: Ediciones Tres Fronteras, 2011, p. 9.



jueves, 6 de julio de 2023

A un olmo seco

A un olmo seco, un poema cargado de nostalgia y esperanza, fue escrito en Soria, en 1912, por Antonio Machado. Es todo un clásico de su poesía. Su mensaje es delicado y precioso.

 

A un olmo seco

 

Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo,

algunas hojas verdes le han salido.

 

¡El olmo centenario en la colina

que lame el Duero! Un musgo amarillento

le mancha la corteza blanquecina

al tronco carcomido y polvoriento.

 

No será, cual los álamos cantores

que guardan el camino y la ribera,

habitado de pardos ruiseñores.

 

Ejército de hormigas en hilera

va trepando por él, y en sus entrañas

urden sus telas grises las arañas.

 

Antes que te derribe, olmo del Duero,

con su hacha el leñador, y el carpintero

te convierta en melena de campana,

lanza de carro o yugo de carreta;

antes que rojo en el hogar, mañana,

ardas en alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.

 

 

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Antonio Machado. Campos de Castilla. CXV. «A un olmo seco». Rincón Castellano 1997–2011, pp. 46, 47.



miércoles, 5 de julio de 2023

No lo podía evitar

En 1981, en en Instituto Superior de Ciencias Médicas "Victoria de Girón", en La Habana, por todo el primer año de la carrera, debíamos sostener cráneos, y describir sus relieves, oquedades y cisuras. Estudiábamos en equipo y la mesa se llenaba de cráneos de todos los tamaños y edades. Mis compañeros estaban concentrados en la Cisura de Rolando, el Agujero pisciforme, las órbitas y sus conexiones interiores. A la verdad no lo podía evitar; en una inevitable fuga de ideas decía para mí: «Dentro de este cráneo hubo memorias, sentimientos. Aquí se cobijó el recuerdo de un mar de experiencias que se extendieron desde las peores fobias hasta las más tiernas escenas de amor».

No lo podía evitar.



martes, 4 de julio de 2023

¡Amemos!

¡Amemos!

Amado Nervo


Si nadie sabe ni por qué reímos

ni por qué lloramos;

si nadie sabe ni por qué vinimos

ni por qué nos vamos;

 

si en un mar de tinieblas nos movemos,

si todo es noche en derredor y arcano,

¡a lo menos amemos!

¡Quizá no sea en vano!

 

 

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Revista Cultural Hermenuta. «Siete poemas de Amado Nervo». 

https://www.hermeneuta.es/articulo/poesia/poemas-amado-nervo/20210526025915000993.html

26 de mayo de 2021.



lunes, 3 de julio de 2023

La confianza en los alumnos

Encontré esto en redes, sin un autor definido, y me dio mucha gracia. Lo voy a usar en clases cuando note que los alumnos me quieran atropellar. Es que es gracioso...

 

En cierto proyecto experimental llamaron a un grupo de profesores y los sentaron dentro de un avión. Cuando las puertas se cerraron y estaban a punto de despegar, todos los profesores fueron informados de que ese avión había sido construido por sus alumnos. En una arrancada intempestiva los profesores corrieron hacia las puertas del avión, tratando de escapar, a excepción de uno que llamó pronto la atención por permanecer sentado con mucha calma.

El director del proyecto se le acercó y le preguntó:

—¿Por qué no escapa del avión con los demás?

Él profesor contestó:

—Lo hicieron nuestros alumnos.

El director insistió:

—¿Está seguro de que les enseñó bien?

El profesor respondió en voz baja:

—Estoy seguro de que no volará.



domingo, 2 de julio de 2023

Canción de todas las patrias

A fuerza de repetirla en la lectura de los textos escolares la aprendí de memoria. Es la Canción de todas las patrias, de López de Molina.

 

Todas las patrias tienen

bellos paisajes, tierras singulares.

 

Todas las patrias tienen

sabios gloriosos, poetas inmortales.

 

Todas las patrias tienen

bellas mujeres que aman con ternura.

 

Todas las patrias tienen

niños y ancianos de blancor de luna.

 

Todas las patrias tienen

el amor al trabajo y a la vida.

 

Todas las patrias tienen

su fe, su religión y su poesía.

 

Todas las patrias tienen

ansias de paz, después de tanta guerra.

 

Todas las patrias tienen

amor por cosas de lejanas tierras.

 

Por eso, patria mía,

Yo puedo amarte sin odiar las otras.

 

porque todo lo que tienes,

lo tienen todas.



sábado, 1 de julio de 2023

Así lo oí

Usé una ligereza con la palabra y el concepto mismo de pecado. Casi me reí con hilaridad a la par de los simples, los que, por años, ridiculizaron el término en la prensa plana y los espacios televisivos. Olvidé que «los necios se mofan del pecado» (Pr. 14: 9a).

Pecado; su expansión creciente «ridiculiza» al que lo señala como el mal visceral que destruye al mundo: «Porque la paga del pecado es muerte» (Ro. 6:23). El cine y las redes lo difunden; las agendas mundiales lo respaldan.

Casi me reí. Y una voz interior, muy profunda, me dijo: «El pecado es serio y triste; mató a mi Señor».

Así lo oí.



viernes, 30 de junio de 2023

Es la vida

Es el tutor de la naturaleza.

Libra hórridas guerras, desactiva bombas, pilotea aviones, muere en batallas.

Sube impertérrito a torres de alta tensión.

Es padre, esposo, sustento.

Es la fuerza, el valor, el honor.

Es el más egregio poeta.

Es la cabeza del género humano.

Es el hombre.

 

Es la más bella creación de Dios.

Acuna a los hijos.

Es el calor y la luz del hogar.

Es madre, esposa, abrigo.

Es la delicadeza, la fineza, la ternura.

Es la quintaesencia de la poesía.

Si no está, todo pierde su sentido: se apaga el sol, dejan de brillar las estrellas, implosiona el Universo.

Es la mujer.

 

«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo...» (Gn. 1: 27, 28).

Fue Dios. Y nada va a cambiar Su creación.

 

Es el hombre. Es la mujer. Es el amor. Es la vida.



jueves, 29 de junio de 2023

El juicio fue dado al Hijo

No es una gracia ser musulmán, judío o hindú, porque a los tales no los juzgarán Mahoma, Moisés o Ramakrishna. El juicio fue dado a Jesús, el Hijo de Dios: «Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo» (Jn. 5:22).

No es una gracia renegar de Aquel ante el que se doblará toda rodilla el Día del juicio (Fil. 2:10).

Él está a la diestra de Dios. Así lo vio Esteban: «He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios» (Hch. 7:56). Estas palabras le costaron la vida. Los judíos lo apedrearon.

Más allá de Esteban esta fue la visión de Juan, en el Apocalipsis:

 

Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. 

Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? 

Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. 

Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. 

Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos. 

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. 

Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. 

Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;

y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; 

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. 

Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones,

que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. 

Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos (Ap. 5: 1-13).



miércoles, 28 de junio de 2023

Se llama «grandeza»

Se llama «grandeza». Escasea en nuestro tiempo. Escasea en Cuba, donde todos se conjuran para aplastar tu obra a fin de adjudicársela. ¡Cuánto sé de eso! Cuánto sé de mediocres que, agazapados, vigilaban mi trabajo. Enajenados de toda capacidad creativa, solo sentían tener una alternativa: robar y fingir el talento que nunca tuvieron. Los tales, desde los estrados televisivos y publicitarios, desde los lideratos rancios y puestos inmerecidos, se me mostraron por medio siglo como lo que fueron: la antítesis de la «grandeza».

Escasea en Texas, en Miami; escasea en América y Europa; pero mi triste país adolece de ella como ningún otro lugar de este mundo. Por eso me detuve hoy, cuando vi el anuncio. Estaba redactado en los siguientes términos:

 

Laina Pérez, atleta cubana de tiro deportivo, que compite en los Juegos Centroamericanos 2023 [con sede en San Salvador], devolvió la medalla de bronce que el reglamento le otorgó (...), originalmente le correspondía a la mexicana Alejandra Cervantes (1).

 

Me detuve a leer el desarrollo de la noticia. Advertí pronto que ambas compitieron en «Tiro deportivo con pistola de aire a diez metros», y el extraño reglamento de los Juegos, hecho sin dudas por un burócrata a toda prueba, regula: «Un país solamente puede tener dos medallas, ya sea medalla de oro y plata y si es de bronce se recorre al cuarto lugar». Tras lograr la gran nación azteca el oro y la plata, la joven mexicana Alejandra Cervantes, tercer merecido lugar, debía irse del evento sin medalla; esta se transfirió al cuarto lugar, a la cubana. En una triste escena la mexicana devolvió su medalla.

El sentido común, que es el menos común de los sentidos, dicta que triunfa el que mejor desempeño tenga. Pero no bastaba el sentido común en el corazón de la atleta antillana. Para hacer lo que hizo necesitó «grandeza» de alma. Ella descolocó de su pecho la medalla de bronce conferida y, rompiendo la regla, la impuso sobre la atleta mexicana. Y allí la dejó:

https://youtu.be/OsWBMhFULqo

Gracias, Laina. Quieran los mediocres de tu tierra, que es también mi tierra, seguir tu ejemplo, y más allá de las azufradas ideologías, aprendan a colocar cada medalla en el pecho que corresponda. Tu «grandeza» tiene un valor superior al de todas las preseas que se entregarán en estos Juegos. Vale por todo el oro de este mundo. Gracias a Dios por ti.

«En memoria eterna será el justo» (Sal. 112:6).

 

 

__________

 

(1) Fuente: Redacción. CiberCuba. «Atleta cubana devuelve a mexicana medalla ganada por reglamento: “No es mía, es de ella”».

https://www.cibercuba.com/noticias/2023-06-28-u1-e208574-s27066-atleta-cubana-devuelve-mexicana-medalla-ganada-reglamento-mia

Publicado y accedido: 28 de junio de 2023, 6:14 p. m.



martes, 27 de junio de 2023

Condenada a la nada

A los cinco años sufrió violencia sexual.

A los seis, perdió a su padre, en una historia de alcoholismo.

A los siete, vivió el desarraigo de su tierra.

Como la sombra al cuerpo le siguieron el acoso, la hostilidad y el bullying.

Tras el rechazo de su primer amor, lo que vino a quedar de ella se quebró.

Fue, finalmente, arrastrada desde la depresión hasta los sombríos umbrales del suicidio.

 

Es una historia de harapos y destrozos.

Es la historia de un abismo, de un ser condenado a la nada.

Es la historia de Christine D’Clario.

 

Así la encontró Cristo. Así la abrazó Su Iglesia.

 

«Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados» (Is. 57:15).



lunes, 26 de junio de 2023

No lo dude, las armas nucleares serán usadas

Se inicia la era nuclear

 

La Segunda Guerra Mundial cerró sus cortinas con el lanzamiento de la bomba atómica. Esta trajo un mensaje no solo a Japón, sino a todo el mundo: las confrontaciones bélicas acababan de entrar en una nueva dimensión. A partir de entonces y, por casi ochenta años, las grandes potencias se vieron envueltas en una apretada carrera a fin de equiparse con armamentos nucleares que les sirviesen para garantizar el equilibrio frente a los intentos de hegemonía mundial de sus pares. El conocimiento de la tenencia de tales armas tendría, además, un innegable poder disuasorio frente a pensamientos de amenazas exteriores.

 

¿Qué países tienen armas nucleares y de cuántas disponen?

 

Nueve países tienen armas nucleares (1):

 

PAÍS

NÚMERO DE ARMAS NUCLEARES

Rusia

5 977

Estados Unidos 

5 428

China

350

Francia

290

Reino Unido

225

Pakistán

165

India

160

Israel

90

Corea del Norte

20

 

Las cifras de armas nucleares pertenecen a los secretos militares de cada país y los números que se publican, por ende, son solo estimaciones; pero si nos atenemos a los datos aportados por la Federación de Científicos Estadounidenses, Rusia tiene 5 977 ojivas nucleares. Esta cifra incluye unas 1 500 que están retiradas y listas para ser desmanteladas; quedaría, no obstante, una temeraria cifra cercana a los 4 500, la mayoría de largo alcance. Este impresionante arsenal se distribuye como:

 

Misiles balísticos intercontinentales: 1 185

Misiles balísticos lanzados desde submarinos: 800

Lanzados desde el aire con bombarderos nucleares: 580

El resto son armas nucleares más pequeñas y menos destructivas, para uso de corto alcance en campos de batalla o en el mar (2).

 

En un tono de extraño optimismo la BBC News comenta que, «solo 1 588 ojivas rusas están actualmente «desplegadas» (...) es decir, ubicadas en bases de misiles y bombarderos o en submarinos en el mar» (3).

Israel es el único país de los nueve que nunca ha reconocido formalmente su programa nuclear (4); este es, sin embargo, «un secreto a voces».

Corea del Norte, sorpresivamente aprobó en 2022 una nueva ley con la que se reconoció como Estado con armas nucleares, condición que, al decir de su presidente, Kim Jong Un, es «irreversible» (5).

Se calcula que, en el mundo, hay actualmente 13 400 armas nucleares, según reportes de la ONU (6).

 

¿Cuán grande es el poder de destrucción de las armas nucleares?

 

Basta con considerar que la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima en 1946, al costo de la vida de 146 000 personas tenía solo quince kilotones. Las ojivas nucleares de que se dispone hoy día pueden tener más de mil kilotones.

Considérese el efecto de un arma de cien kilotones (7).

 

Arma nuclear de cien kilotones

1.8 kilómetros

Destrucción total

3.0 kilómetros

Destrucción severa

5.0 kilómetros

Daños serios

8.0 kilómetros

Daños

 

La doctrina militar de las superpotencias justifica la tenencia de las armas nucleares con el argumento «tener la capacidad de destruir completamente a tu enemigo para evitar que te ataque». Al respecto se impuso en la semántica militar la expresión: «destrucción mutua asegurada» (MAD, por sus siglas en inglés) (8).

 

¿Debemos estar preocupados?

 

La guerra de Ucrania iniciada el 24 de febrero de 2022, colocó el tema de la guerra nuclear en la retórica del presidente ruso, Vladimir Putin. Este no ha escatimado desde entonces las advertencias a Occidente por el apoyo de este último a Ucrania y reiteradamente ha advertido estar dispuesto a usar todos los recursos militares para lograr sus objetivos (9). 

 

¿Podemos confiar en el TNP?

 

Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido se encuentran entre los ciento noventa y un estados que firmaron el Tratado sobre la No Proliferación de Armas Nucleares (TNP) (10).

India, Israel y Pakistán nunca se unieron al TNP. Corea del Norte lo abandonó en 2003.

Según las bases del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, los firmantes se comprometen a reducir su arsenal de ojivas nucleares y, en teoría, eliminarlas por completo. ¿Lo harán?

El TNP será una tranquilidad temporal; «que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina» (I Ts. 5: 3).

Podemos confiar en el TNP como pudimos confiar en el Acuerdo Ribbentrop-Molotov, que precedió a la operación Barbarroja, con la que Hitler rompió el pacto e invadió Rusia. Podemos confiar en el TNP como pudimos confiar algún día en los acuerdos de los pueblos, en la palabra humana...

No lo dude, las armas nucleares serán usadas. El fin viene. Los cataclismos apocalípticos evocan una conflagración mundial. Vuelva los ojos al Altísimo y escape en el Rapto de la Iglesia. No hay otra esperanza. Pare de oír a ideólogos rancios, y vuelva los ojos a Aquel que es la Única esperanza de todos los hombre: Jesús.

«Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira. Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra (Ap. 6: 7, 8).

 

Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas. 

El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde. 

El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. 

Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida. 

El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. 

Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas. 

El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche. 

Y miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles! (Ap. 8:6-13).

 

 «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hch. 4:12).

 

 

__________

 

 

(1) Equipo de Periodismo Visual. BBC News. «Rusia: cuántas armas nucleares tiene y cómo se comparan con las de EE.UU. y otros países». https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-60576483 Publicado: 1 de marzo de 2022. Actualizado:  21 septiembre 2022. Accedido:  3 de abril de 2023, 7: 42 p. m.

(2) BBC News. Ibíd.

(3) Ibíd.

(4) Ibíd.

(5) CNÑ. «¿Qué países poseen más armas nucleares? ¿Cuántas tiene Rusia? Datos y números». https://cnnespanol.cnn.com/2022/10/14/que-paises-tienen-mas-armas-nucleares-mundo-trax/ Publicado: 14 de octubre de 2022. Accedido: 3 de abril de 2023, 8: 15 p. m.

(6) CNÑ, Ibíd.

(7) BBC News. Ibíd.

(8) Ibíd.

(9) Ibíd.



domingo, 25 de junio de 2023

La paradoja del siervo

Bajo el llamado y la gracia de Dios, en Elías tisbita estuvo el punto más alto de la profecía bíblica. Por su oración se cerraron y abrieron los cielos. Su desafío épico a los profetas de Baal y Asera no tiene paralelo en la historia. Fue arrebatado vivo en una carroza de fuego. No vio muerte. Parece estar preservado como uno de los dos testigos del Apocalipsis. Elías fue el hombre más grande su tiempo.

Compartió con su pueblo una inmensa sequía, con la consiguiente hambruna, en tiempos de Acab, y Dios no lo sostuvo a través de los pudientes de su época. Así dijo al profeta: «Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente» (I Re. 17:9). Una extranjera pobre y enlutada lo libró de perecer.

No te asombres si el amparo viene del rincón más pobre. En los misterios del Reino son las paradojas del siervo.