Las personas que no son cristianas están en un serio peligro: viven bajo el asedio de las tinieblas, que tienen, en los tales, un paso fácil hacia la cautividad y la posesión demoníaca.
Las personas que no son cristianas vienen a ser como esas ciudades antiguas que eran cercadas prolongadamente por ejércitos hostiles hasta que sus muros caían y todo era saqueado y llevado a la ruina.
Las personas que no son cristianas no pueden regresar de sus grandes errores; han escogido la noche como punto de mira, y en ella todo es sombra oscura y silueta engañosa.
Las personas que no son cristianas decidieron sostenerse con sus pobres fuerzas en un mar agitado, que esperará paciente su última brazada de náufrago.
Las personas que no son cristianas repiten la historia del viajero sin rumbo que se hace todos los días las mismas preguntas para recibir por toda respuesta el eco retumbante de su propia voz.
Las personas que no son cristianas pusieron su amor en el desamor, sembraron en páramos estériles y dieron loas a la voz del sicario.
Jesús dijo: "Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas" (Jn. 12:46). Al hacer esta afirmación definió el peligro en que viven los que no están en Él: el de las tinieblas, con sus pasos siguientes hacia el abismo de la cautividad y la posesión demoníaca.
No lo dude; las personas que no son cristianas están en un serio peligro.
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