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lunes, 20 de julio de 2026

Qué error tan grande

Qué error tan grande el de haber leído tanta historia; miles de horas dedicadas a hurgar entre las páginas de los textos clásicos, biografías de generales, compendios de batallas mundiales, nacimiento y muerte de civilizaciones, conquistas y exterminios. Y holocaustos, tantos holocaustos...

Las crónicas de las peores guerras se agolpan ahora en la memoria y la ensombrecen. Vienen arremolinadas entre siniestros crímenes y hondas miserias; reclaman un lugar en los recuerdos y cercenan la alegría de muchos momentos. Aparecen cuando no se les llama y no se puede evitar que, en lugar de olvidarlas, cada vez más estrujen el corazón.

Creo que se puede ser feliz llenando la vida de otras ciencias. Pueden ser felices los físicos en su micromundo cuántico; mucho más los astrónomos, evadidos en lejanas galaxias. Los biólogos que disfrutan la belleza de la vida o aún los matemáticos, imbuidos de perfecciones geométricas, pueden hablar de felicidad. Los historiadores no; la felicidad está vetada para ellos; en el más alegre de los momentos ven aflorar en sus corazones las memorias de Masada, Auschwitz-Birkenau y los Montes de Gilboa, aquellos que evocó luctuoso «el dulce cantor de Israel»

Qué error tan grande fue leer historia, tanta historia.





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