Es curioso ver en la historia que ninguna «dictadura del proletariado» fue liderada por él. En toda Europa del Este, Asia y América Latina una élite desentendida del trabajo devino como representante de algo que no era: proletario. Sin los callos en las manos del obrero industrial por el accionar de herramientas pesadas o las arrugas en el rostro nacidas del sol que abraza al campesino, ellos se fingieron representantes de algo que nunca fueron ni serían; usaron la imagen del hombre trabajador para erigirse sobre ella, visibilizarse y colocarse a la cabeza de movimientos que solo pretendieron la realización de sus proyectos personales, el principal de los cuales siempre fue la perpetuidad en el poder.
«Dictadura del proletariado»... Nadie la sufrió más que el proletariado. En ningún lugar del mundo hubo trabajadores más desmotivados que aquellos que la vivieron.
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