El fútbol es el arte de meter la pata, literalmente. Es la única cosa en la vida donde el triunfo lo da una formidable y regia metedura de pata.
Competitivamente hablando, mientras más veces se meta la pata, más probabilidades hay de ganar, de modo que todos se esfuerzan en hacerlo hasta convertir el estadio donde compiten en un festival de meteduras de pata. A la más auténtica de ellas se le llama gol en el argot de los futbolistas. Meter la pata es una expresión muy larga y compleja de manejar para el auditorio; entonces crearon un término que lo define de forma abreviada: «gol». Millones gritan desbordados: «¡Gol! ¡Gol!», que no es otra cosa que decir: «¡Metió la pata! ¡Metió la pata!».
No puede desconocerse: el Mundial de Fútbol es la única ocasión en que el mundo entero se reúne para premiar meteduras de pata.
Dicen que es el deporte más completo, el que más adeptos tiene, con el que más el mundo se identifica. Todo parece indicar que los futbolistas tienen mucho en común con el resto de la humanidad.
Políticos y estadistas, mientras contemplan eufóricos la escena del gran campo verde donde todos compiten en pro de lograr una gran metedura de pata, se dicen eufóricos unos a otros: «¡Qué inspiración!». No hay duda: los futbolistas de élite les son espejo y motivación; ya sabe por qué.
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