El lenguaje ha de ser matemático, geométrico, escultórico. La idea ha de encajar exactamente en la frase, tan exactamente que no pueda quitarse nada de la frase sin quitar eso mismo de la idea.
José Martí (1).
Influido desde la adolescencia por las lecturas del célebre filólogo y politólogo español Roque Barcia, traté de usar siempre la palabra «hermoso» para expresiones de la naturaleza (mares, montañas) y «bello» para asuntos que involucraran al hombre (lienzos, esculturas y demás). Con no poco trabajo, mi esposa rescató Sinónimos castellanos en su último viaje a Cuba. Hoy leía en esta obra póstuma, con una cadencia casi poética, palabras del autor, en la que define:
La hermosura está en relación con la naturaleza.
La belleza representa más bien un tipo de arte.
La hermosura habla a los sentidos.
La belleza a la imaginación y el pensamiento.
La hermosura no significa nada sin contorno.
La belleza no significa nada sin espíritu.
Una flor verde, brillante y galana es hermosa.
Un lirio pálido, casi lívido, es bello.
Una joven que ríe nos da la idea de la hermosura.
Una madre que llora nos da la emoción de la belleza (2).
La escisión conceptual está bien definida, pero la desatención etimológica y la indetenible evolución de la lengua llevó a que, con el tiempo el límite entre ambas palabras quedara difuminado. Es interesante, sin embargo, remarcar las diferencias etimológicas.
La palabra «hermosura» proviene del adjetivo «hermoso», que a su vez deriva del latín formosus, que significa «bien formado», «con buena forma» o «que tiene forma». En su significado original se refería estrictamente a proporción, simetría y estructura. En la antigüedad y durante el Renacimiento se decía que una flor, un paisaje o la apropia naturaleza humana eran «hermosas» porque sus partes estaban bien dispuestas, tenían armonía y cumplían con una «forma» ideal. Por eso, etimológicamente, el vocablo hermosura estaba más ligado a estructura física y la naturaleza.
A diferencia de esto «belleza», del latín bellus, diminutivo de bonus (bueno), significaba «agradable», «delgado» o «pequeño y bueno». Con el tiempo evolucionó hacia lo que hoy entendemos como un atractivo estético, ese que agrada a los sentidos y al espíritu. «Belleza» venía a ser un concepto subjetivo y sensorial; tenía que ver con el placer que producía a la vista, o la idea que evocaba.
En el Siglo de Oro español (Lope de Vega, Góngora, Quevedo), aparece «hermosura» con frecuencia relacionada con la naturaleza y el cuerpo físico. En el Romanticismo y el Modernismo, la palabra «belleza» ganó terreno; permitía hablar de sentimientos, emociones y abstracciones, cosas que no quedaban expresadas con «hermosura», tan ligada a la forma física.
Visto todo así, ¿qué palabra es más exacta para la evaluación de una flor? Si se refiere a la estructura, si se quiere destacar la simetría de sus pétalos, la perfección de su forma o la disposición de su tallo, «hermosura» es etimológicamente más precisa. Si se refiere el que escribe o habla al efecto emocional del color vibrante, el aroma o la sensación de alegría que despierta, belleza es una palabra más completa.
En el español moderno, «belleza» se ha convertido en un término que abarca tanto la forma como la sensación emocional; la que escuchamos con mayor frecuencia, pero muchos escritores modernos siguen usando «hermosura» precisamente para darle ese toque clásico, natural y estructural que con frecuencia se busca.
Pese a todo considérese que las etimologías son las raíces de la lengua; cómo ignorarlas; cómo entender entonces a algún lejano poeta clásico que pudo haber escrito: «La hermosura de la montaña / no es la de una estatua fría, / es la belleza que se agita / en la vida y la alegría».
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(1) José Martí. Obras Completas. Vol. 21. Cuaderno No. 9. La Habana: Editorial Ciencias Sociales, p. 255.
(2) Roque Barcia. Sinónimos castellanos. Madrid: Daniel Jorro, editor. Calle de la Paz, 1910, pp. 250, 251.
Amados hnos Dios les bendiga, siempre tan sabios, aprendo de ustedes, les amamos en Cristo, bendiciones.
ResponderEliminarGracias. Son de mucho ánimo sus palabras. El Señor le visite y bendiga grandemente.
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