Durante la madrugada, mientras esperaba el cierre formal de humildes trabajos vi brillar una luna grande, llena, redonda, perfecta; y pensaba al verla: «Todos los seres humanos la miraron. No hubo persona que no contemplara en la noche ese disco célico, que refracta al sol oculto y brilla perfecta».
Nos une en la historia por esa razón: todos la vieron: grandes y pequeños, pobres y ricos, citadinos y campesinos, civiles y militares, humildes aldeanos de la prehistoria y descollantes nobeles de nuestro tiempo; todos miraron esa luna.
Con razón el viejo Borges, en sus diálogos con Octavio Paz, en lo que el primero consideró una expresión poética perfecta, la llamó: «espejo del tiempo».
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