«Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal» (Gn. 6:5).
Es realmente asombrosa la historia de la barbarie, de las guerras de exterminio de unos pueblos contra otros, de la esclavitud milenaria, el desamparo de la mujer y el cercenar de cada niño truncado de esta vida con la hoz del hambre.
Asombra ver la oscura bandera de los antivalores izada en cada proa; y los discursos de odios que no se disimulan, en todos los podios.
Triunfan el hombre más fuerte y la mujer más bella, y el mediocre con cargo, en las pasarelas finales de la historia.
Nada, sin embargo, es más asombroso que la supervivencia del amor y la lealtad, de la palabra amable y la tierna empatía, con la expansión del Evangelio de Jesucristo en el corazón de este mundo, en el seno mismo de la barbarie.
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