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viernes, 17 de julio de 2026

El mundo de mi infancia en blanco y negro

Es el recuerdo de mi infancia y temprana adolescencia: las revistas que llegaban del exterior, las que venían de otros países, eran a color, con mucho brillo. Las de mi pobre isla se editaban en blanco y negro, sin brillo; se veían tan opacas.

Los periódicos de otros países eran a color. Los del mío, con excepción de alguna raya o titular rojo, eran en blanco y negro.

Las fotografías que llegaban de familiares y personas que habían emigrado eran a color. Las mías (algunas se conservan), en blanco y negro. 

La televisión en el exterior tenía la programación a color. Dicen que tal cosa se perdió en 1959 y volvió a verse en Cuba en 1975. A mi hogar entró en 1999, en plena adultez.

No tuve la culpa de llegar a pensar que mi país estaba fabricado en blanco y negro, y fuera de él existía un mundo a color. Quizá tales cosas ayuden en parte a explicar por qué generaciones enteras de cubanos soñaron de antaño con ser extranjeros. 

Pobre Cuba, aislada más que por un muro de agua, por el desacierto de los que fabricaron para ella un mundo sin colores. 

Los niños de los campos cubanos no sufrieron tal cosa porque ellos no tuvieron revistas, ni periódicos, ni fotografías, ni televisión...






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