Introducción
Los años 2003 y 2004 fueron un terremoto en el movimiento profético pentecostal cubano. El epicentro de las revelaciones recibidas estuvo en la región centro oriental de la isla y aunque las Asambleas de Dios fueron la punta de la lanza fue significativo el hecho de que representantes cristianos de movimientos no pentecostales fueran llenos de la misma revelación. Pasando por el anuncio de epidemias y desastres naturales las profecías y visiones convergieron en un mismo punto final: guerra y desembarco de tropas extranjeras en Cuba.
En el seno del Quinto Congreso Nacional de Evangelismo de la Iglesia Evangélica Pentecostal de Cuba (Asambleas de Dios), el jueves 13 de febrero de 2003, a la 1:55 p.m., a instantes de entregarle al Rev. Orson Vila para la ministración de una conferencia de Iglecrecimiento un pastor camagüeyano explicó desde la plataforma una sacudidora revelación. Quedó registrado en las grabaciones del evento (Ver en: https://youtu.be/_IjeVKWPEiY). Él dijo ver tropas militares de ocupación de habla inglesa desembarcando en Cuba y un nuevo orden de cosas para toda la isla, con un hombre al frente que ya estaba «en el consejo de Dios». No se esperaba que alguien dijera algo así desde el púlpito, pero igual se hizo. Costó, entre otras cosas, que el siguiente Congreso Nacional, el sexto, fuera el último.
La presión profética continuó y se esparció por toda la isla. No venía con exclusividad del Rev. Orson Vila, pero, siendo él la figura más destacada del evangelismo nacional, se convirtió en el referente principal; hacia él se volvió la atención y el apoyo de los que recibieron las revelaciones y profecías como genuinas y también el fuego cerrado de los que las rechazaron dentro y fuera de la Obra, resáltense entre estos últimos los representantes del Partido Comunista de Cuba, el Gobierno y el Ministerio del Interior.
La tensión y el clímax por la expectativa de guerra creció en el primer semestre de 2004, y llevó a que la Comisión Nacional de Evangelismo fuese citada para un tiempo esclarecedor con el liderazgo principal del Comité Ejecutivo General de la Organización.
Reunión de la Comisión Nacional de Evangelismo y el Comité Ejecutivo General
El Comité Ejecutivo General (CEG) de la Iglesia Evangélica Pentecostal de Cuba (Asambleas de Dios) citó para el viernes 16 de abril de 2004, a la Comisión Nacional de Evangelismo (CNE). Como secretario, acompañé al Rev. Orson Vila, presidente nacional.
Debimos aguardar antes de ser recibidos por el CEG unos treinta minutos. Sentado a solas con el Rev. Vila, en un área del entonces parqueo, próxima a la pared del edificio principal (no estaba construida la actual sede), entre los comentarios preparatorios, pregunté: «¿Hay algún camino por el que puedan interpretarse las profecías como cosas figurativas, no literales?». El afamado evangelista cubano respondió, con mucha convicción: «No, las profecías tienen que ver con hechos reales. Habrá guerra, desembarco de tropas norteamericanas… Que esté la fecha corrida más para allá o más para acá eso entra en la soberanía de Dios, pero no lo dudes, habrá guerra» (1).
Fuimos llamados, finalmente a la reunión. Aquel encuentro duró unos cuarenta minutos. El Rev. Vila explicó las cuatro etapas del avivamiento en Cuba, tal como él las había recibido:
1. Caídas (Orden del Tizón)
2. Empastes
3. Juicios
4. Milagros
Los oficiales generales expresaron dudas sobre la tercera etapa, la de los juicios; preguntaron si el Período Especial (2) no había sido ya la tercera etapa. El Rev. Vila contestó que no; que habría juicio. Lo que complicaba el asunto era una orden del cielo en la que el Señor decía que se les hablara a los impíos de esos juicios; incluían golpes de agua, presas rotas o desbordadas y posibles maremotos. Un joven de Camagüey había visto retirarse el agua de Santa Cruz para regresar después golpeando el pueblo; otro había visto el desbordamiento de ríos. Para más alarma, el martes anterior había habido inundaciones importantes en Jatibonico y la Ocho vías (Autopista Nacional). La Dra. Noemí Morales de Vila explica:
Un detalle importante en la profecía fue el pronóstico de un golpe de agua en Santa Cruz del Sur, ciudad costera de la provincia de Camagüey. Esta había sido totalmente devastada por un ciclón en 1932, y fue muy significativo que, en 2008, se formó en el Cabo Gracia de Dios, en las costas de Nicaragua, un huracán que denominaron Paloma (uno de los cinco símbolos físicos del Espíritu Santo). Este pasó por Gran Caimán y se proyectó exactamente a Santa Cruz del Sur. La intensidad de sus vientos y la fuerza de la penetración del mar derribó numerosas viviendas y en su retroceso arrastró artículos y escombros dejándoles en el piso. Lo más asombroso de todo es que allí se disolvió.
La profecía sirvió de precaución, porque ante tal amenaza muchos recordaron que «un profeta lo anunció» y huyeron, protegiendo sus vidas. Nosotros fuimos a ofrecer recursos a los pastores y hermanos allí, y vimos los barcos que quedaron en los parques del centro de la ciudad. Agradecemos al Señor que guardó a su pueblo (3).
El segundo punto de los juicios, tal como fue tratado en la reunión, tenía que ver con epidemias. Orson explicó allí que Dios había dicho, días antes de anunciarse en Cuba el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAS) (4): «Oren por los niños; viene bronconeumonía», y así sucedió. La revelación incluía la visión de una jeringuilla con pus, y moscas en derredor, todo derramándose sobre Cuba. Aquellos fueron meses de muchas epidemias.
Hasta ahí todo estaba más o menos estable; el problema venía con el último elemento de los juicios revelados: una guerra. Orson explicó una visión que había tenido un hermano en la fe acerca de dos aviones; cuando explotaba el segundo empezaba a caer fuego del cielo, y venía a él una voz, que le decía: «Cuéntalo a tu pastor». Contó también de una visión que había tenido otro hermano en la fe, sobrino de un pastor bautista; se trataba de una escalera, por la que descendía un hombre vestido de blanco, que le entregaba un pergamino a Orson, y ese ser angelical, decía a ese hermano: «Corre, ve y habla a mis pastores: más libertad de espíritu, ayuno, oración, santificación, no hagan lo que están haciendo…».
Orson concluyó: «Los juicios están decretados. ¡Unjan con aceite todas las cosas!». El Rev. Alfredo Gómez preguntó acerca de «ungir casas». El Rev. Orson reiteró: «Únjanlo todo». El Rev. Osías Rosell preguntó sobre las resurrecciones que se comentaban en este contexto profético. El Rev. Orson argumentó: «¿Por qué alarmarnos si se habla de resurrecciones? Se registraron treinta y siete en el ministerio de William Branham; Juan Epifanio Limiñana tuvo ocho, ¡a una le habían hecho la necropsia!».
Para concluir aquel tiempo, Héctor Hunter, como superintendente general, expresó muy preocupado algún parecer, y pidió, en general, moderación.
Avanzaron las semanas y una grabación del Rev. Orson Vila, no hecha por él, acerca de estas profecías comenzó a recorrer el país. Por algún camino llegó al Consejo de Iglesias, al Comité Central del PCC y, finalmente, al despacho mismo de Fidel Castro. Los oficiales generales estaban muy preocupados. De los apuntes personales de ese año leo:
Tuve que ir a la Oficina Nacional, y vi a Héctor Hunter. Me comentó: «La Oficina de Asuntos Religiosos nos comunicó que Fidel oyó la grabación de las profecías de Orson». Dudoso, le pregunté: «¿Se sabe qué dijo?». Contestó: «Dice que tienen un efecto desestabilizador» (5).
No había dudas; iban a instrumentar respuestas. Los ataques a Orson de los enemigos de la fe no se harían esperar. Preocupada, la Obra nombró una comisión de estudios teológicos de la que deliberadamente excluyeron al autor, presente en casi todas las comisiones nacionales de estudios teológicos, por su cercanía ministerial al Rev. Orson Vila. El documento que se redactó y publicó posteriormente para toda Cuba trataba de cubrir a Orson Vila, aprobando una cosas y desaprobando otras. Comenzaba por decir que no había hecho una grabación con el propósito de que se difundiese por Cuba, porque nunca había sido una costumbre ministerial en él grabar sus mensajes; los que lo habían hecho partían de iniciativas propias. Lo cierto es que, aquellas «iniciativas propias» habían llegado a la mesa de Fidel Castro. Fueron tiempos muy difíciles para el probado y sufrido evangelista y para la Obra nacional.
¿Qué tan corridos o prolongados pueden estar los tiempos del cumplimiento de una profecía? Basta considerar la de «los setenta años de cautiverio judío» de Jeremías (Jer. 25 y 29) o la de la séptima semana escatológica de Daniel (Dn. 9). Lo cierto es que, ocho años después de aquellas revelaciones de 2003-2004, en 2012, estalló en Cuba una de las peores epidemias de dengue hemorrágico que se pueda recordar. Las personas colapsaban en plena vía pública y caían muertas. Uno de los directores más conocidos de un hospital, en el capitalino municipio 10 de Octubre, perdió el conocimiento en pleno pase de visita y murió en minutos. En derredor se enfermaban por dengue la gente; morían vecinos y amigos. El padre del autor tuvo que ingresar; parte de su familia se afectó; a este cuadro ya de por sí calamitoso, se unió el de varios miembros de la grey de Palabras de Vida, Asambleas de Dios en Santa Amalia bajo nuestro pastorado; ellos sufrieron por este terrible mal grandemente; una hermana en la fe, en un estado muy deplorable, fue a dar a una unidad de cuidados intensivos. Ninguna persona podía considerarse invulnerable al alcance del vector transmisor: el esquivo Aedes aegypti, un mosquito pequeño y gris, con inequívocas bandas blancas en su abdomen. De las memorias del autor acerca de aquel tiempo quedó escrito y publicado:
Los hospitales no daban abasto. Las más prestigiosas instituciones sanitarias tuvieron que redistribuir sus áreas de atención, en favor del crecido número de casos que llegaba. Visité hospitales, fui a los hogares, pedí apoyo internacional con medicamentos y finanzas, apoyé con meriendas gratuitas a las brigadas de fumigación que trabajaban en el barrio y reparé el consultorio médico comunitario, con fuertes inversiones. Todo lo que pudimos, en lo humano hacer, lo hicimos, pero aquellos esfuerzos parecían inútiles. Cada día tenía más miembros de la iglesia enfermos.
Oré de todos los modos que pude y no quedó promesa bíblica alguna a la que no nos aferráramos. La Iglesia, unida, estaba teniendo tiempos de calidad en la presencia de Dios; casi cada domingo, había un derramamiento del Espíritu que terminaba en profecías; pero, a decir verdad, todo seguía mal, y este es el punto de la historia al que queremos llegar. No podemos olvidar aquella tarde. Estábamos solos, y me senté agotado en la oficina pastoral. Oraba en silencio, cuando de pronto vi de pronto en la memoria la escena de las profecías de 2003-2004 respaldadas por el Rev. Orson Vila. Recordamos de pronto que teníamos, como todos los miembros del cuerpo ministerial, las actas y los comentarios que se hicieron en torno a ese asunto. Estaban en un archivo contiguo, así es que abrimos la gaveta, los tomamos y nos dispusimos a leer. El célebre evangelista cubano decía en sus declaraciones: «¡Grandes jeringuillas de pus se vacían sobre Cuba! Pero el pueblo de Dios no tiene nada que temer. Esos juicios no son para la iglesia. No tienen que temer». Y el informe describía como él agregaba a gran voz: «¡Esta es la orden de Dios: “unjan a todos los hermanos con aceite!”».
La lectura de esa última afirmación fue como una descarga eléctrica: «¡Unjan con aceite a todos los hermanos!». No lo había hecho. Algo tan significativo ni siquiera se me había ocurrido…
Al día siguiente, domingo 23 de septiembre de 2012, durante la clase de Escuela Dominical, explicamos el sentir, y al terminar, hicimos un llamado especial para que pasaran al altar todos, sin excepción. Cerca de ochenta hermanos lo hicieron. Los ungimos, uno por uno, sin apuro, con toda calma. Oramos e impusimos manos sobre cada uno. Puede ser que hayamos estado dos largas horas haciéndolo; a nadie le importó el tiempo. Mientras esto tenía lugar el más importante ministerio profético de nuestra sede, el de Ricardo Baró Gorina, se acercó, y nos dijo solemnemente: «Veo una nube negra encima de cada hermano que se disipa mientras los unge».
Ungí a cada hermano, a toda la familia; ungí todos los instrumentos de música, las puertas y ventanas, todos los muebles de la plataforma, los bancos del templo, uno por uno; cada lámpara, nuestro escritorio, cada archivo, todo, absolutamente todo. Nada quedó que no ungiera.
Respetaré lo que usted piense, pero ¿sabe una cosa?: ese día cesó la epidemia de dengue en nuestra sede del Templo Palabras de Vida de las Asambleas de Dios en Santa Amalia.
Mi padre, y mi familia en general, revirtieron el cuadro espectacularmente. La hermana de la grey que estaba en cuidados intensivos fue dada de alta inmediatamente. Hasta el día en que, por indicación del Espíritu Santo, mi esposa y yo abandonamos Cuba, el 18 de enero de 2017, nunca más tuvimos un caso de dengue en nuestra congregación (6).
Cuba hoy y la amenaza de una guerra inminente
Al no cumplirse en aquellos años el cuarto punto de las revelaciones principales de 2003-2004 (el relacionado con el desembarco de tropas extranjeras en Cuba y una guerra en general) muchos desestimaron el carácter genuino de aquellas profecías. Pienso que el pastor camagüeyano que explicó en el Quinto Congreso Nacional de Evangelismo la revelación recibida por él con relación al desembarco de tropas que, por la descripción, eran obviamente norteamericanas, cometió el error típico de los profetas: intentar poner fecha al cumplimiento de las profecías pronunciadas. El pueblo cristiano en general al desechar aquel movimiento profético (muchos lo hicieron aun desde el liderazgo) ignoraron un punto central en el visor de Dios: se corre el riesgo de cercenar el sentido prolongado de una revelación si no se tiene en cuenta que esta tiene dos dimensiones: una relacionada con su cumplimiento mediato e histórico; la otra, con el posible cumplimiento futurista. A esta última los teólogos, particularmente los escatólogos le llaman visión telescópica de la profecía. Se citan ejemplos:
Jesús enuncia, en Mateo 24, una profecía que trata acerca de la destrucción de Jerusalén (dimensión histórica) y el brotar de las hojas de la higuera y el principio de dolores de los tiempos del fin (dimensión futurista).
Oseas 6:2, trata sobre la resurrección del Señor (dimensión histórica) y la posible resurrección de los muertos (visión futurista).
Daniel 8, trata acerca del surgimiento de Antíoco Epifanes, de entre la dinastía seléucida (dimensión histórica), y sobre el Anticristo, en los tiempos del fin (visión futurista) (7).
Las profecías de 2003-2004 tuvieron efectos inmediatos, porque hubo grandes inundaciones y epidemias. El tópico relacionado con la guerra no se cumplió para entonces. ¿Se cumplirá ahora, en este contexto?
Debe decirse que, nunca el gobierno de Cuba estuvo bajo una amenaza tan grande como la que ha tenido lugar en estas últimas semanas. El precedente cercano de la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero pasado abrió una puerta por la que está fluyendo la consumación de un nuevo orden de cosas en el Caribe insular, desde donde se capitaneaban las decisiones más importantes de Caracas. Cuba está en una posición muy delicada. Los ojos del movimiento pentecostal cubano y de la Iglesia en general se vuelven a aquel movimiento profético de 2003-2004 para preguntarse: ¿aquel anuncio explosivo que muchos desdeñaron es esta guerra que está a las puertas de la isla?
¿Por qué Dios haría un anuncio así?
Responda el lector por qué Dios anuncia los males que vendrán a los que tienen oídos para oír. Resaltan antes que todo las palabras de Amos 3: 7: «Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas».
En Su misericordia Dios no anuncia las pruebas que sufrirá una nación con insanos propósitos. Dios quiere un «volveos a mí» (Zac. 1: 3). « Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis» (Ez. 18: 32).
Desde su total ignorancia espiritual el Partido Comunista de Cuba, que no conoce a Dios, ni nada de lo que por el bien de un pueblo el Alto Ser que nos creó puede hacer, interpretó erradamente aquel movimiento profético; vieron en él un conjunto de oráculos malintencionados nacidos de la mente humana y dirigidos a crear inestabilidad, crisis y rebelión interna. Respondieron con persecución, presión y denegación de permisos
¿Quiere la Iglesia una guerra?
Absolutamente no, pero tal cosa no la decide el Cuerpo de Cristo en la tierra. Dios tiene un kairos (8) (trato en el tiempo) para Cuba, y Su soberanía determina cuando tendrá lugar. Los delicados momentos que vive la nación apuntan hacia una conflagración bélica. Portaaviones nucleares norteamericanos están anclados cerca de la costa del archipiélago y aviones de reconocimiento de última tecnología bojean la isla que, en un total estado de desamparo geopolítico, nada podrá hacer frente a un desembarco militar o un ataque aéreo.
Es «el tiempo de los odios», parafraseando a Stefan Zweig. Difícil tarea la que le espera a la Iglesia de Cuba. Balacear los hondos resentimientos de un pueblo que perece entre el hambre y el desabastecimiento y un gobierno que confunde amigos con enemigos y viceversa, mientras trastoca significados equivocando patria con partido y pueblo con ejército, asumiendo con vana arrogancia una capacidad que no tiene ni en sombras de resistir siquiera dos horas la avalancha militar de la nación más poderosa de la tierra, que acaba de hacer un asombroso derroche de tecnología entrando a Venezuela, sacando a su presidente y colocándolo tras los barrotes sin una sola baja militar, nada más difícil para la Iglesia que moverse en un contexto así.
La Iglesia de Jesucristo, tiene una misión profética que no puede desconocer so pena de ser demandada por Aquel que la colocó como luz del mundo (Mt. 5:14) y sal de la tierra (Mt. 5:13). El pueblo de Dios mira con honda preocupación al desenvolvimiento de estos complejos acontecimientos. Como madre de todos los cubanos la Iglesia tendrá sus puertas abiertas, sin distingo de ideologías, razas, orientación sexual, integración social o poder económico. El amor de Dios en Jesucristo será derramado desde cada sede y la oración mundial de todos los cristianos de la tierra estará dirigida a dar suficiencia a la sufrida Iglesia cubana en un tiempo tan difícil como el que hoy le toca vivir.
La gracia, el amor y la bendición de Dios en Jesucristo acompañe a cada cubano, especialmente a la Iglesia caribeña que, una vez más, estará en el epicentro de lo que es ya una catástrofe geopolítica, luchando al lado de su pueblo para mitigar los odios encendidos de los corazones, fortaleciendo al débil, vendando heridas y elevando a lo más alto el nombre de Jesús, aquel que murió por todos los cubanos.
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(1) Octavio Ríos. Memorias de 2004. Documento. Archivos personales.
(2) Período Especial. Término con que el gobierno de Cuba designó a la hambruna masiva y el desabastecimiento que tuvo lugar en la primera mitad de la década de 1990. (Nota del autor.)
(3) Dra. Noemí Morales de Vila. Entrevistada por O. Ríos. Redes privadas. 22 de febrero de 2025. 12:51 p.m. Usada con permiso.
(4) El síndrome respiratorio agudo severo (SARS) fue una neumonía grave causada por el virus SARS-CoV-1. Afectó a muchos países entre 2002 y 2003. No se han notificado casos desde 2004. Ver en: Redaction. Severe Acute Respiratory Syndrome (SARS) (SARS). Accedido: 26 de diciembre de 2024, 8:28 p.m.
https://my.clevelandclinic.org/health/diseases/10856-severe-acute-respiratory-syndrome-sars
(5) O. Ríos. Memorias de 2004. Documento. Archivos personales.
(6) O. Ríos. «Esto hice como pastor cuando enfrenté aquella terrible epidemia...». https://octavioriosblog.blogspot.com/2020/03/esto-hice-como-pastor-cuando-enfrente.html Accedido: 26 de diciembre de 2024, 9:40 p.m.
(7) Octavio Ríos. «Acerca de la visión telescópica de la profecía». Publicado: 4 de mayo de 2020.
https://octavioriosblog.blogspot.com/2020/05/acerca-de-la-vision-telescopica-de-la.html
(8) En griego hay dos palabras para «tiempo». Una es cronos, que es el tiempo ordinario de su reloj. La otra es kairos, que tiene que ver con tiempos que son como tratos de Dios con la humanidad. (Nota del autor.)

