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lunes, 17 de octubre de 2022

Job y la sabiduría

En Job, capítulo 28, uno de los más antiguos patriarcas se debate entre el concepto y el valor de la sabiduría. Pudo desvariar, porque se encontraba en el momento más crítico de su vida. La presión no es una condición adecuada para encontrar el equilibrio. Es asombroso; él lo encontró. Lea sus palabras acerca de la sabiduría y lo advertirá:

 

12 Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia?

13 No conoce su valor el hombre. Ni se halla en la tierra de los vivientes. 

14 El abismo dice: No está en mí; y el mar dijo: Ni conmigo. 

15 No se dará por oro, ni su precio será a peso de plata. 

16 No puede ser apreciada con oro de Ofir, ni con ónice precioso, ni con zafiro.

17 El oro no se le igualará, ni el diamante, ni se cambiará por alhajas de oro fino.

18 No se hará mención de coral ni de perlas; la sabiduría es mejor que las piedras preciosas. 

19 No se igualará con ella topacio de Etiopía; no se podrá apreciar con oro fino.

20 ¿De dónde, pues, vendrá la sabiduría? ¿Y dónde está el lugar de la inteligencia?

21 Porque encubierta está a los ojos de todo viviente, y a toda ave del cielo es oculta.

22 El Abadón y la muerte dijeron: su fama hemos oído con nuestros oídos. 

23 Dios entiende el camino de ella, y conoce su lugar.

24 Porque él mira hasta los fines de la tierra, y ve cuanto hay bajo los cielos.

25 Al dar peso al viento, y poner las aguas por medida; 

26 Cuando él dio ley a la lluvia, y camino al relámpago de los truenos, 

27 Entonces la veía él, y la manifestaba; la preparó y la descubrió también.

28 Y dijo al hombre: he aquí que el temor del Señor es la sabiduría,
Y el apartarse del mal, la inteligencia.



domingo, 16 de octubre de 2022

Es la vida

No es lógica.

No es justa.

Para unos termina antes de tiempo.

Para otros dura más de lo que se pudiera esperar.

Alumna de nadie. Maestra de todos.

Principio y fin.

Revelación y misterio.

Es lo más importante que nos pudo suceder.

Vino de Dios y solo cobra sentido en Cristo.

Es la vida.



sábado, 15 de octubre de 2022

En los quince años de Darleen Pando Durán

Darleen Pando Durán:

 

Nunca podremos olvidar la belleza de aquella noche otoñal. Era el 13 de octubre de 2007. El reloj indicaba las 10:15, en La Habana, y todos te esperábamos.

 

Tus padres, Daniel Pando González y Lucy Durán Rodríguez, unidos por la más sobrecogedora emoción, aguardaban el minuto en que pudieran llamarte por tu nombre.

 

Tus abuelos paternos, Vicente Pando y Librada Bárbara González Soberón, estaban embargados de expectación. Los ojos de Lucy Rodríguez, tu abuela materna, brillaban, a la par de las estrellas que rutilaron en la noche.

 

Fuiste un regalo que Dios nos dio en la vida, y una dádiva para la adoración, el tocar trémulo de tu violín, y la danza santa del pueblo de Dios, aquel en el que fuiste temprano presentada, en el que creciste.

 

Al despuntar hoy la aurora de este día principia para ti una nueva vida.

Abrazada por la gracia del Altísimo quince octubres te empujan a un anchuroso horizonte, y esta es nuestra bendición para ti:

 

Cubra tu cabeza un cielo siempre azul, como el color que más amaste.

 

Te protejan del sol ardiente, cuajados y serenos arreboles.

 

Salten a tu paso, en la sequía, fuentes de aguas cantarinas.

 

Rompa tu silencio de tristeza, el trinar armonioso de los pájaros del bosque.

 

En el calor sople tras de ti la delicada brisa del mar.

 

Te acompañe siempre el olor que tiene el campo, cuando rompe la luz del alba.

 

Repten para ti las orquídeas en los troncos adustos de las palmas

 

Las más blancas caracolas se aparten a tu paso, en la arena fina.

 

Nunca pierdas la memoria de tu lejana aldea, aquella en que, un día, fuiste un sueño, un tierno sueño, en el corazón de todos los que te esperaron.

 

Contigo vaya siempre nuestro más sentido pensamiento; y hasta el minuto postrero te acompañen la bendición del Padre y el amor de Jesús; los que hoy, más que todo, pedimos para ti.

 

Gracias por existir.

Gracias a Dios por ti.



viernes, 14 de octubre de 2022

Fueron pronunciadas en tiempos de Job

¿Qué palabras pueden esperarse de alguien que acaba de perder en muerte violenta a diez hijos, a la par de todas sus posesiones y tiene, como gravamen extremo, su cuerpo afectado por un inesperado y mortificante mal? Las importunas palabras de los amigos cercanos son como «sal en la herida». ¿Qué puede esperarse de alguien que sufra así? ¿Qué dirá cuando se logren abrir las puertas de sus labios?

Tal cosa no es ficción hipotética; ya le pasó a un hombre hace mucho tiempo. Se llamaba Job. Navegando en tales mares, todos le oyeron decir: «Mas he aquí que en los cielos está mi testigo, y mi testimonio en las alturas» (Job 16: 19).

Grandioso testimonio para un momento en que no está desarrollada todavía la teología del dolor. Del lado de acá de la historia, trascendidos los tiempos de la cruz y el martirio de los apóstoles y la persecución de los hijos de Dios por causa de la fe, es posible, más que sufrir, gloriarse en el dolor. Pablo escribió a Timoteo: «participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios» (II Ti. 1: 8). Pablo escribió a los colosenses: «Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia» (Col. 1: 24). Pablo escribió a los romanos: «Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse» (Ro. 8: 18).

Pero aquellos no eran los tiempos de Timoteo, de los colosenses o los romanos. No eran los tiempos de Pablo. Eran los tiempos de Job.

Por eso son grandes aquellas palabras. Fueron pronunciadas en los tiempos de Job.



jueves, 13 de octubre de 2022

Ver y no ver. Bosquejo

LECTURA. Marcos 8: 23-26

 

Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo.  El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.

 

INTRODUCCIÓN

 

Escuchaba al muy respetable Profesor Jimmy Robinson de Global University el 14 de julio de 2021. Él llamaba poderosamente la atención sobre este pasaje desde la capilla de Global University.

https://www.facebook.com/globaluniversity/videos/147170364093569  

De la reflexión a que nos llevó nació este bosquejo.

  

I. HAY TOQUES COMPLETOS DE DIOS

 

A. Eliseo en Dotán (cerca del Carmelo)

 

“Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo”.

El criado tuvo de inmediato visión perfecta. El mundo espiritual se abrió claro delante de él.

 

B. Jesús a Bartimeo

 

“Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino” (Mr. 10: 51, 52).

Bartimeo vio de inmediato todo en torno a él. Es conmovedor pensar que el primer rostro que vio fue el de Jesús.

 

C. Sanar ciegos era señal mesiánica

 

o. Nunca en el Antiguo Testamento alguien abre los ojos a un ciego. Tales prerrogativas eran directas y exclusivas de Dios. Los judíos las esperaban del Mesías. Lea el mesiánico capítulo 35 de Isaías:

 

1 Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa. 

2 Florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará con júbilo; la gloria del Líbano le será dada, la hermosura del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro. 

3 Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles.

4 Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará. 

5 Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. 

6 Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. 

7 El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas; en la morada de chacales, en su guarida, será lugar de cañas y juncos. 

8 Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará. 

9 No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos. 

10 Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido.

 

o. La definición del pecado imperdonable, que es la blasfemia al Espíritu, está en un contexto donde Jesús ministra sobre un ciego-mudo

 

“Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba” (Mt. 12: 22).

  

II. ALGUNOS NECESITAN UN SEGUNDO TOQUE DE DIOS

 

“Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos” (Mr. 8: 25). 

 

¿Qué le estaba enseñando Jesús a sus discípulos y a todos nosotros por extensión con la sanidad progresiva y por ende no inmediata de aquel ciego que necesitó un segundo toque? Es evidente: algunos necesitan ese segundo toque. Ya ven, pero no ven. Ven, pero la claridad de sus ojos es pobre. Delante de ellos todo está distorsionado.

  

III. NO REGRESE A LA ALDEA DE LA QUE LE SACÓ EL SEÑOR AQUEL DÍA EN QUE LE HIZO VER CON CLARIDAD

 

“Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea” (Mr. 8: 26b).

Las personas tocadas por Dios, los que ahora ven con claridad no vuelven por el mismo camino.



miércoles, 12 de octubre de 2022

Ver y no ver. Video

Título: «Ver y no ver».

Lectura:  Marcos 8: 22-26.

 

Mensaje predicado hoy, 12 de octubre de 2022, en la Iglesia “Jesús es el camino”, Tyler, Texas, Estados Unidos.

A su alcance en línea, en la dirección: https://youtu.be/9mMKMTAp0nI



martes, 11 de octubre de 2022

¡Última hora! ¡Pablo no fue ratificado en Listra!

El problema que creó en Listra es tan grande que acaban de sacarlo de allí a pedradas (Hch. 14: 19). Ya el presbítero llegó para ver el asunto. Se evalúa la posibilidad de retirarle la credencial.

Consejo a Pablo: «póngase a trabajar. Tengo un amigo que se llama Wampampiro. Él tiene unos caballos y necesita que alguien los lleve todos los días al abrevadero. Le voy a hablar para que le dé trabajo…».

«¿Y mi llamado?», preguntó tímidamente Pablo.

«Por ahora, descanse. Recuerde la andanada de pedradas que le han dado», le contestaron.

«¿Y mi llamado?…», es el eco distante de Pablo.

 

Suena el timbre del teléfono.

Presbítero: «¡Dios le bendiga! ¿Con quién tengo el gusto, el honor y la bendición de hablar?».

Pablo: «Soy yo…, Pablo».

Presbítero: «Ah, Pablo… Discúlpeme, pensé que era otra persona. No tengo nada nuevo que decirle. ¿Decidió algo?».

Pablo: «Si, ya decidí…».

Presbítero: «¿Qué va a hacer?».

Pablo: «Me voy a Éfeso…».

Presbítero: «¡¿Éfeso?! ¡¿Está loco?! ¡Lo enviamos a Listra, que es un pueblucho sureño y casi lo matan! ¡Éfeso es la sede del gran culto a la diosa Diana! ¡Si en Listra le dieron una andanada de pedradas, en Éfeso lo van a meter en una licuadora! ¡No va a resistir una semana!».

Pablo: «Dios me envía a Éfeso…».

Presbítero: «Lo siento, hermano… No puedo darle carta de recomendación. No veo en usted los frutos de un ministerio efectivo. Si usted tuviera llamado, en Listra, lo hubieran recibido. Usted no aprobó. Le recomiendo que descanse y se ponga a trabajar. Quizá más adelante… Venga para acá ahora. Ya hablé con Wampampiro. Lo están esperando en la finca de los caballos».

Pablo: «Ayer salí rumbo a Éfeso… Estoy en un área de mala conexión. Debo colgar…».

Presbítero: «Aló… Oigo… Colgó Pablo». [A la secretaria.] «Escríbale de mi parte al presbítero de Éfeso para que no reciba a ese rebelde…».

 

Tras ser apedreado en Listra durante su primer viaje misionero, Pablo fundó la Iglesia de Éfeso en su tercer viaje misionero. Impuso sus manos sobre doce discípulos de Juan el Bautista y sobre ellos cayó el Espíritu Santo. En un instante se despertó un sacudidor movimiento profético (Hch. 19: 6). Allí hizo Dios milagros extraordinarios por medio de él (v. 11). Los espíritus malignos se iban cuando colocaban en los cuerpos de las personas poseídas los paños y delantales del apóstol. También se sanaban (v. 12). Los que practicaban la magia y corrompían el lugar trajeron sus libros; estos fueron quemados (v. 19). Pablo permaneció dos largos años ministrando en Éfeso. No quedó alguien en Asia Menor que no oyera, por medio de él, el santo Evangelio de Jesucristo (Hch. 19: 10). En el poder del Espíritu él llevó una de las ciudades más paganas del mundo antiguo a uno de los más formidables avivamientos de toda la historia.

Allí, en Éfeso, en aquella gran iglesia levantada, ministraría como obispo el apóstol del amor, aquel pescador que se llamó Juan. Allí vivió y murió María, la madre del Señor Jesús. Sería aquella comunidad cristiana destinataria primera de las epístolas del Apocalipsis. Por más que había, para entonces, perdido su primer amor (Ap. 2: 4) el Espíritu le dedicaría palabras grandiosas que evalúan con favor el loable trabajo hecho allí por aquel Pablo:


Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado (Ap. 2: 2, 3). 

 

Es la primera carta del Apocalipsis. Está escrita a una Iglesia que fundó Pablo. ¿Qué Pablo? Aquel que fue apedreado en Listra...

Que hayas sido «golpeado» en aquel campo donde Dios te colocó, que no hayas sido ratificado por manipuladas votaciones, que te hayan echado del modo que sea, no significa que el llamado terminó. No rindas el cayado ante las «piedras de Listra». Delante de ti están abiertas «las puertas de Éfeso».

El ministerio terminará cuando Aquel que te llamó te lleve a Su Gloria. En tanto llegue ese día, Éfeso está ante ti. Allí te espero.



lunes, 10 de octubre de 2022

No toques a las puertas de nadie

A principios de octubre de 1994, visité el «Centro Cristo viene», en Camuy, Puerto Rico. Me llevó el misionero puertorriqueño Taty Toledo. Fue así como conocí al Rev. Yiye Ávila. Tuve el privilegio de conversar unos instantes con él. Luego le escucharía durante la ministración internacional que hizo esa noche. Fue una experiencia grata y memorable. Muchas de las historias personales que escuché de él se quedaron en mi corazón. Algunas de ellas se repetirían en los mensajes de los años siguientes. Una de ellas es esta que se describe debajo. Así lo contó el legendario evangelista puertorriqueño Yiye Ávila:

 

Oraba de madrugada el día 6 de enero de 1972. Estaba de rodillas con los codos sobre el suelo y me reclinaba sobre una almohada que descansaba frente a mi pecho. Hacía días que estaba apartado en ayuno y oración clamando a Dios. De pronto sentía alguien que se movía frente a mí. Me quedé tenso pues sentí en mi corazón que el Señor Jesucristo. En aquel instante me habló con voz audible y me dijo: «Yiye, Yiye no toques a las puertas de nadie». Estaba sorprendido.

Quería preguntarle lo que me quería decir, pero no me atreví. Él se acercó más y me dijo: «Dame acá esa almohada». Me moví para dársela, pero Él extendió Su mano y la jaló. Se movió entonces y se colocó a mi derecha muy cerca de mí y extendió un brazo y lo puso sobre mi espalda. Su mano quedó sosteniéndome por la cintura. No pude resistir el amor tan grande que sentía por Él y me recosté de Él y sentí extender mi mano para tocarlo. Lo toqué en el antebrazo muy cerca de la muñeca. Su brazo era semejante al de cualquier otro varón. Le hablé entonces por primera vez y le dije: «Te quiero Señor». Él me respondió: «Sonríe». Me sonreí levemente y le dije: «No te vayas, Señor». Permaneció un poco de tiempo más con Su brazo sobre mi espalda y luego, lentamente desapareció.

Me senté y sentía el poder del Espíritu Santo sobre mi persona. Le pregunté: «Señor, muéstrame lo que significa cada palabra que me dijiste». Yo sentía que cada palabra que Él me habló tenía importancia. El Espíritu empezó a mostrarme que al llamarme por mi nombre implicaba que Él me conocía por mi nombre, y al decirme: «No toques a las puertas de nadie», quería decir que no pidiera a nadie, ni pusiera mi confianza en hombres, ni esperara nada de ninguna persona, sino sólo de Él. Al jalarme la almohada sobre la cual yo estaba declinado, era para mostrarme que no me recostara de nada, ni de nadie pues Él estaba disponible. Al echarme Su brazo y sostenerme con Su mano por la cintura era para que yo viera que su amor por mí es eterno y siempre estaría conmigo.



domingo, 9 de octubre de 2022

Un refrescante concepto para la Filosofía

Bertrand Russell (1972-1970), que fue a la filosofía algo así como lo que Carl Sagan fue a la astronomía, un refrescante divulgador, escribió en la Introducción de su Historia de la filosofía Occidental:

 

La filosofía, tal como yo entiendo esta palabra, es algo que se encuentra entre la teología y la ciencia. Como la teología consiste en especulaciones sobre temas a los que los conocimientos exactos no han podido llegar; como la ciencia, apela más a la razón humana que a una autoridad, sea ésta de tradición o de revelación. Todo conocimiento 'definido' pertenece a la ciencia —así lo afirmaría yo—, y todo 'dogma', en cuanto sopesa el conocimiento determinado, pertenece la teología. Pero entre la teología y la ciencia hay una 'tierra de nadie' expuesta a los ataques de ambas partes: esa 'tierra de nadie' es la filosofía (1).

 

Sin que sea exactamente así mucho se agradece el generoso esfuerzo del filósofo inglés por ayudar a los profanos a entender un poco qué cosa es la más misteriosa de las ramas del saber humano, la más oscura e indefinida, la más extensa y polémica; la más antigua, tal vez. 

Fue la filosofía a la ciencia lo que aquella torre de Babel de Génesis 11 fue a los primitivos ingenieros de Mesopotamia: un intento por llegar a Dios sin Dios, sin revelación. Bien la describe Russell cuando la define como algo que quedó a medias; a medias, como aquella torre...

 


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(1) Bertrand Russell. Introducción a Historia de la filosofía Occidental. Tomo I. Barcelona: Editorial Austral, 2013.



sábado, 8 de octubre de 2022

Lenin y el «paraíso en la tierra»

Lenin escribió: «La unidad de esta verdadera lucha revolucionaria de la clase oprimida por crear el paraíso en la tierra tiene para nosotros más importancia que la unidad de criterio de los proletarios acerca del paraíso en el cielo» (1).

Esclarezcamos la idea: «Unirnos, para hacer un paraíso en la tierra es más importante que lo que pensemos sobre el paraíso del cielo... No nos importa lo que piensen los trabajadores acerca del paraíso del cielo. Vengan con nosotros, unidos; vamos a hacer el paraíso en la tierra...». Está diciendo eso, ¿verdad?

Ya pasaron cien años. ¿Lo lograron? Lo tuvieron todo para conseguirlo: el gobierno, la economía, la prensa, las editoriales, las cárceles, el patíbulo, todo. Lo tuvieron todo. Cien años…, ¿ya lograron el paraíso?

«Hagamos el paraíso de la tierra y olvidemos el del cielo. Saquemos a Dios y Su Palabra de nuestras vidas, y hagamos nosotros con nuestra gran capacidad el paraíso en la tierra». Eso dijo.

¿Ha leído algo más satánico?

 

 

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(1) Vladimir I. Lenin. «El socialismo y la religión». Publicado el 3 de diciembre de 1905. No. 28 de “Nóvaya Zhizn”. Aparece en: Obras escogidas (1905-1912). Tomo III, p. 128.



viernes, 7 de octubre de 2022

Nehemías

Nada más difícil que restaurar sobre escombros del pasado. Es incomparablemente más sencillo hacer una obra nueva; pero remover una construcción vieja, reparar gritas, hacer confiables columnas que están semiderruidas, nada es más difícil. Fue la tarea de Nehemías.

Era aquel Nehemías un judío llevado a la cautividad. Servía de coopero al rey Artajerjes, en la ciudad de Susa. El libro bíblico que lleva su nombre relata el minuto en que supo del estado de destrucción en que se encontraba Jerusalén, expuesta sin muros a los ataques de las comunidades hostiles vecinas. Él sintió el llamado de Dios y consiguió cartas del rey. Allá se fue.

A su llegada comenzaron, bajo su dirección los trabajos de reconstrucción. Pronto amonitas y samaritanos lo supieron, y organizaron planes de destrucción. Grupos armados enviaron amenazas e hicieron amagos de ataques. Todos los judíos temieron. Por un momento pareció que todo se iba a detener. Es el momento en que se pronuncian las resueltas palabras de Nehemías. Se encuentran en el capítulo 4, entre los versículos 10 y 20:

 

10 Y dijo Judá: Las fuerzas de los acarreadores se han debilitado, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro.

11 Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos y los matemos, y hagamos cesar la obra. 

12 Pero sucedió que cuando venían los judíos que habitaban entre ellos, nos decían hasta diez veces: De todos los lugares de donde volviereis, ellos caerán sobre vosotros. 

13 Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos.

14 Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas. 

15 Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea. 

16 Desde aquel día la mitad de mis siervos trabajaba en la obra, y la otra mitad tenía lanzas, escudos, arcos y corazas; y detrás de ellos estaban los jefes de toda la casa de Judá. 

17 Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada. 
18 Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban; y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí. 
19 Y dije a los nobles, y a los oficiales y al resto del pueblo: La obra es grande y extensa, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos unos de otros. 
20 En el lugar donde oyereis el sonido de la trompeta, reuníos allí con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros. 

 

Muchos temores embargan la vida. Construimos nuestros días sobre muros derruidos del pasado. Muchos enemigos se levantan a diario eyectando amenazas que buscan paralizar, a través de la intimidación, la obra por completar. El enemigo de las almas lucha por controlar el contenido de tus recuerdos. Ese es el campo central de la batalla. Nunca fueron más pertinentes para ti las palabras de Nehemías: «No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas» (Neh. 4: 14).

No tema, hermano y amigo: «nuestro Dios peleará por nosotros» (Neh. 4: 20c).




jueves, 6 de octubre de 2022

Votación en la ONU

La Asamblea General es el principal órgano deliberativo de la ONU. Las decisiones sobre cuestiones consideradas muy importantes, por ejemplo, las recomendaciones relativas a la paz y la seguridad, la admisión de nuevos miembros y las cuestiones presupuestarias, requieren una mayoría de dos tercios de los votos limpios emitidos. Las decisiones sobre otras cuestiones se logran por mayoría simple.

Igual que la mayoría de los órganos que deliberan masivamente, usan las Robert’s Ruler of Orden newly revised, última edición, como referencia.

  

 

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Fuente: Naciones Unidas/Asambleas General de las Naciones Unidas. https://www.un.org/es/ga/about/  Accedido: 4 de octubre de 2022, 3: 15 p. m.



miércoles, 5 de octubre de 2022

Y en días de nosotros también

«Palabra de Jehová que vino a Miqueas de Moreset en días de Jotam, Acaz y Ezequías» (Mi. 1: 1), y en días de nosotros también:

 

Faltó el misericordioso de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres; todos acechan por sangre; cada cual arma red a su hermano.

Para completar la maldad con sus manos, el príncipe demanda, y el juez juzga por recompensa; y el grande habla el antojo de su alma, y lo confirman.

El mejor de ellos es como el espino; el más recto, como zarzal; el día de tu castigo viene, el que anunciaron tus atalayas; ahora será su confusión.

No creáis en amigo, ni confiéis en príncipe; de la que duerme a tu lado cuídate, no abras tu boca.

Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre son los de su casa.

Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá.

Miqueas 7: 2-7.

 

«Palabra de Jehová que vino a Miqueas de Moreset en días de Jotam, Acaz y Ezequías», y en días de nosotros también.



martes, 4 de octubre de 2022

Dios mío, qué legado nos dejaron aquellos lejanos padres…

Adán y Eva, así se llamaron. Vivieron casi mil años, al menos Adán; esa es la sexta parte de la historia de la humanidad, bíblicamente hablando.

No nos dejaron un párrafo escrito, un dibujo, una historia bien transmitida, ¡algo!

¡¿Qué dejaron!? ¡Vivieron casi mil años! ¡¿Qué hicieron en ese tiempo?! Ellos dejaron ir a Dios de la tierra… El resto es historia, historia que nunca debió de ser.

Dios mío, qué legado nos dejaron aquellos lejanos padres…



lunes, 3 de octubre de 2022

Texto completo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, 1776

La Declaración de Independencia de las Trece Colonias, conocida como Declaración de Independencia de los Estados Unidos, es un documento de un extraordinario valor histórico, y un modelo que ha quedado para la posteridad acerca de la posición de un pueblo frente a las monarquías abusivas; estas últimas son formas de gobierno que nunca quiso Dios. Así dijo el Señor Eterno al profeta Samuel el día en que Israel pidió rey:

 

Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos. 

Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo. 

Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos. 

Y refirió Samuel todas las palabras de Jehová al pueblo que le había pedido rey. 

Dijo, pues: Así hará el rey que reinará sobre vosotros: tomará vuestros hijos, y los pondrá en sus carros y en su gente de a caballo, para que corran delante de su carro; 

y nombrará para sí jefes de miles y jefes de cincuentenas; los pondrá asimismo a que aren sus campos y sieguen sus mieses, y a que hagan sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros. 

Tomará también a vuestras hijas para que sean perfumadoras, cocineras y amasadoras. 

Asimismo tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras viñas y de vuestros olivares, y los dará a sus siervos. 

Diezmará vuestro grano y vuestras viñas, para dar a sus oficiales y a sus siervos. 

Tomará vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras. 

Diezmará también vuestros rebaños, y seréis sus siervos. 

Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en aquel día. 

Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, y dijo: No, sino que habrá rey sobre nosotros (I Sa. 8: 7-19).

 

 

Texto completo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, 1776

 

Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro y tomar entre las naciones de la tierra el puesto separado e igual a que las leyes de la naturaleza y el Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio de la humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la separación.

Sostenemos que estas verdades son evidentes en sí mismas: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que no se cambie por motivos leves y transitorios gobiernos de antiguo establecidos; y, en efecto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a padecer, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia aboliendo las formas a que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, demuestra el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y establecer nuevos resguardos para su futura seguridad. Tal ha sido el paciente sufrimiento de estas colonias; tal es ahora la necesidad que las obliga a reformar su anterior sistema de gobierno La historia del actual Rey de la Gran Bretaña es una historia de repetidos agravios y usurpaciones, encaminados todos directamente hacia el establecimiento de una tiranía absoluta sobre estos estados. Para probar esto, sometemos los hechos al juicio de un mundo imparcial.

El Rey se ha negado a aprobar las leyes más favorables y necesarias para el bienestar público.

Ha prohibido a sus gobernadores sancionar leyes de importancia inmediata y apremiante, a menos que su ejecución se suspenda hasta obtener su asentimiento; y una vez suspendidas se ha negado por completo a prestarles atención.

Se ha rehusado a aprobar otras leyes convenientes a grandes comarcas pobladas, a menos que esos pueblos renuncien al derecho de ser representados en la Legislatura; derecho que es inestimable para el pueblo y terrible sí, para los tiranos.

Ha convocado a los cuerpos legislativos en sitios desusados, incómodos y distantes del asiento de sus documentos públicos, con la sola idea de fatigarlos para cumplir con sus medidas.

En repetidas ocasiones ha disuelto las Cámaras de Representantes, por oponerse con firmeza viril a sus intromisiones en los derechos del pueblo.

Durante mucho tiempo, y después de esas disoluciones, se ha negado a permitir la elección de otras Cámaras; por lo cual, los poderes legislativos, cuyo aniquilamiento es imposible, han retornado al pueblo, sin limitación para su ejercicio; permaneciendo el Estado, mientras tanto, expuesto a todos los peligros de una invasión exterior y a convulsiones internas.

Ha tratado de impedir que se pueblen estos Estados, dificultando, con ese propósito, las Leyes de Naturalización de Extranjeros; rehusando aprobar otras para fomentar su inmigración y elevando las condiciones para las Nuevas Adquisiciones de Tierras.

Ha entorpecido la administración de justicia al no aprobar las leyes que establecen los poderes judiciales.

Ha hecho que los jueces dependan solamente de su voluntad, para poder desempeñar sus cargos y en cuanto a la cantidad y pago de sus emolumentos.

Ha fundado una gran diversidad de oficinas nuevas, enviando a un enjambre de funcionarios que acosan a nuestro pueblo y menguan su sustento.

En tiempos de paz, ha mantenido entre nosotros ejércitos permanentes, sin el consentimiento de nuestras legislaturas.

Ha influido para que la autoridad militar sea independiente de la civil y superior a ella.

Se ha asociado con otros para someternos a una jurisdicción extraña a nuestra constitución y no reconocida por nuestras leyes; aprobando sus actos de pretendida legislación:

Para acuartelar, entre nosotros, grandes cuerpos de tropas armadas.

Para protegerlos, por medio de un juicio ficticio, del castigo por los asesinatos que pudiesen cometer entre los habitantes de estos Estados.

Para suspender nuestro comercio con todas las partes del mundo.

Para imponernos impuestos sin nuestro consentimiento.

Para privarnos, en muchos casos, de los beneficios de un juicio por jurado.

Para transportarnos más allá de los mares, con el fin de ser juzgados por supuestos agravios.

Para abolir en una provincia vecina el libre sistema de las leyes inglesas, estableciendo en ella un gobierno arbitrario y extendiendo sus límites, con el objeto de dar un ejemplo y disponer de un instrumento adecuado para introducir el mismo gobierno absoluto en estas Colonias.

Para suprimir nuestras Cartas Constitutivas, abolir nuestras leyes más valiosas y alterar en su esencia las formas de nuestros gobiernos.

Para suspender nuestras propias legislaturas y declararse investido con facultades para legislarnos en todos los casos, cualesquiera que éstos sean.

Ha abdicado de su gobierno en estos territorios al declarar que estamos fuera de su protección y al emprender una guerra contra nosotros.

Ha saqueado nuestros mares, asolado nuestras costas, incendiado nuestras ciudades y destruido la vida de nuestro pueblo.

Al presente, está transportando grandes ejércitos de extranjeros mercenarios para completar la obra de muerte, desolación y tiranía, ya iniciada en circunstancias de crueldad y perfidia que apenas si encuentran paralelo en las épocas más bárbaras, y por completo indignas del Jefe de una Nación civilizada.

Ha obligado a nuestros conciudadanos, aprehendidos en alta mar, a que tomen armas contra su país, convirtiéndolos así en los verdugos de sus amigos y hermanos, o a morir bajo sus manos.

Ha provocado insurrecciones intestinas entre nosotros y se ha esforzado por lanzar sobre los habitantes de nuestras fronteras a los inmisericordes indios salvajes, cuya conocida disposición para la guerra se distingue por la destrucción de vidas, sin considerar edades, sexos ni condiciones.

En cada etapa de estas opresiones, hemos pedido justicia en los términos más humildes: a nuestras repetidas peticiones se ha contestado solamente con repetidos agravios. Un Príncipe, cuyo carácter está así señalado con cada uno de los actos que pueden definir a un tirano, no es digno de ser el gobernante de un pueblo libre.

Tampoco hemos dejado de dirigirnos a nuestros hermanos británicos. Los hemos prevenido de tiempo en tiempo de las tentativas de su poder legislativo para englobarnos en una jurisdicción injustificable. Les hemos recordado las circunstancias de nuestra emigración y radicación aquí. Hemos apelado a su innato sentido de justicia y magnanimidad, y los hemos conjurado, por los vínculos de nuestro parentesco, a repudiar esas usurpaciones, las cuales interrumpirían inevitablemente nuestras relaciones y correspondencia. También ellos han sido sordos a la voz de la justicia y de la consanguinidad. Debemos, pues, convenir en la necesidad, que establece nuestra separación y considerarlos, como consideramos a las demás colectividades humanas: enemigos en la guerra, en la paz, amigos.

Por lo tanto, los Representantes de los Estados Unidos de América, convocados en Congreso General, apelando al Juez Supremo del mundo por la rectitud de nuestras intenciones, en nombre y por la autoridad del buen pueblo de estas Colonias, solemnemente hacemos público y declaramos: Que estas Colonias Unidas son, y deben serlo por derecho, Estados Libres e Independientes; que quedan libres de toda lealtad a la Corona Británica, y que toda vinculación política entre ellas y el Estado de la Gran Bretaña queda y debe quedar totalmente disuelta; y que, como Estados Libres o Independientes, tienen pleno poder para hacer la guerra, concertar la paz, concertar alianzas, establecer el comercio y efectuar los actos y providencias a que tienen derecho los Estados independientes.

Y en apoyo de esta Declaración, con absoluta confianza en la protección de la Divina Providencia, empeñamos nuestra vida, nuestra hacienda y nuestro sagrado honor.

 

Firmantes de la Declaración

 

Presidente del Congreso

 

1. John Hancock (Bahía de Massachusetts)

 

Nuevo Hampshire

 

2. Josiah Bartlett

3. William Whipple

4. Matthew Thornton

 

Bahía de Massachusetts

 

5. Samuel Adams

6. John Adams

7. Robert Treat Paine

8. Elbridge Gerry

 

Rhode Island y las Plantaciones de Providence

 

9. Stephen Hopkins

10. William Ellery

 

Connecticut

 

11. Roger Sherman

12. Samuel Huntington

13. William Williams

14. Oliver Wolcott

 

Nueva York

 

15. William Floyd

16. Philip Livingston

17. Francis Lewis

18. Lewis Morris

 

New Jersey

 

19. Richard Stockton

20. John Witherspoon (antepasado de Reese Witherspoon)

21. Francis Hopkinson

22. John Hart

23. Abraham Clark

 

Pensilvania

 

24. Robert Morris

25. Benjamin Rush

26. Benjamin Franklin

27. John Morton

28. George Clymer

29. James Smith

30. George Taylor

31. James Wilson

32. George Ross

 

Delaware

 

33. Caesar Rodney

34. George Read

35. Thomas McKean

 

Maryland

 

36. Samuel Chase

37. William Paca

38. Thomas Stone

39. Charles Carroll of Carrollton

 

Virginia

 

40. George Wythe

41. Richard Henry Lee

42. Thomas Jefferson

43. Benjamin Harrison

44. Thomas Nelson, Jr.

45. Francis Lightfoot Lee

46. Carter Braxton

 

Carolina del Norte

 

47. William Hooper

48. Joseph Hewes

49. John Penn

 

Carolina del Sur

 

50. Edward Rutledge

51. Thomas Heyward, Jr.

52. Thomas Lynch, Jr.

53. Arthur Middleton

 

Georgia

 

54. Button Gwinnett

55. Lyman Hall

56. George Walton

 

 

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Fuentes

 

«La Declaración de Independencia». Libertad.org. https://libertad.org/documentos-historicos/la-declaracion-de-independencia/  

 

DHpedia. «Declaración de Independencia de los Estados Unidos».

https://dhpedia.wikis.cc/wiki/Declaraci%C3%B3n_de_Independencia_de_los_Estados_Unidos



domingo, 2 de octubre de 2022

Thomas Jefferson y John Adams

Es curioso, Thomas Jefferson, redactor de la Declaración de Independencia, y John Adams, uno de sus firmantes principales, murieron el mismo día, 4 de julio de 1826, con cinco horas de diferencia, justamente a cincuenta años de aquel memorable 4 de julio de 1776, en que se adoptó la Declaración. Jefferson tenía 83 años; Adams, 90 (1).

John Adams fue el segundo presidente de los Estados Unidos; Jefferson, el tercero. Uno truncó la reelección del otro. Tuvieron diferencias políticas, a veces graves. Adams defendía la condición de un gobierno central fuerte; Jefferson luchaba por aumentar los derechos de los estados. Pese a tales tensiones, salvaron la amistad, por el mutuo respeto que se profesaron siempre, aun en sus más ardientes polémicas (2).

Cuando veo las diferencias entre líderes, específicamente entre los que entran y los que salen de sus funciones; cuando veo a los que salen, criticando a los que entran, y a los que entran criticando a los que salen, me acuerdo del gran ejemplo que nos dejaron Thomas Jefferson y John Adams.

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos debería estar en la cartilla escolar de todos los estudiantes del mundo, no solo como texto en que se fundamenta el derecho visible y natural (self-evident) dado por Dios a todos los hombres, sino además para recordarnos que existieron hombres como estos, como Jefferson y Adams.  

 

 

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(1) Flavio Duron. «La historia de John Adams y Thomas Jefferson, dos ex presidentes de Estados Unidos que murieron juntos en el 50 aniversario de Estados Unidos». Le Monde Diplomatique. https://lemondediplomatique.com.mx/la-historia-de-john-adams-y-thomas-jefferson-dos-ex-presidentes-de-estados-unidos-que-murieron-juntos-en-el-50-aniversario-de-estados-unidos/ Accedido: 1 de octubre de 2022, 3: 10 p. m.

(2) Ibíd.



sábado, 1 de octubre de 2022

Los pilares teológicos

Teología bíblica, Teología sistemática, Teología histórica y Teología práctica. Los tales son los pilares del conocimiento teológico. Cuando se integran es precioso lo que logran. 
"El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Jn. 1: 29). Juan reveló a Jesús al mundo como el Cordero de Dios (teología bíblica). La Biblia entera refleja la imagen del cordero, que muere primero para cubrir la desnudez de nuestros padres, Adán y Eva (Gn. 3: 21); luego muere por la nación de Israel, en el Día de la Expiación (Lv. 16: 2, 14, 16); luego muere por el mundo (Is. 53: 7-12). Finalmente, es el Cordero herido el que abre los sellos del libro que desencadena los acontecimientos del fin (Ap. 6: 1) (teología sistemática).
¿Cómo evolucionó en la historia la comprensión de la Obra de Cristo? ¿Por qué caminos cristalizó? Tal cosa recorre toda la Biblia. En el siglo IV d. C., todavía la Iglesia no tiene una comprensión clara de la Soteriología (doctrina de la salvación). Muchas reuniones, muchos siglos... (teología histórica).
Finalmente, ¿para qué sirve todo eso a mi persona? ¿De qué modo lo puedo usar para vivir? ¿Tiene utilidad práctica en la vida? (Teología práctica).
Ahora, tome un pasaje bíblico, y aplique a él las cuatro teologías; se sorprenderá. Es precioso.


viernes, 30 de septiembre de 2022

La más grande profecía de toda la historia, no hay otra mayor

Por miles los judíos invaden los vados del Jordán. El poder en el Espíritu que se transparenta en Juan el Bautista no se parece a nada que hayan visto nunca. Tiemblan consternados los más fornidos. Aquel día, entre muchos miles, se acercó un hombre que parecía común. «Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos» (Is. 53: 2). Para todos es uno más. Esa es la escena en que Juan le ve, y de pronto, para él, ¡el mundo entero se partió en dos! El más adusto profeta de todos los tiempos, aquel rústico ser crecido en el desierto, vestido de pelo de camello, quedó paralizado, gélido, sobrecogido, y señalando a Aquel que se acercaba, prorrumpió: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn. 1: 29b).

«¡¿Qué dice?!», se preguntaron todos. «¡¿Quién puede quitar el pecado del mundo?! ¡Perdió la razón el profeta! ¡Debe una explicación!». No la puede dar, porque tampoco él entiende lo que dijo.

Cualquier otra profecía de la historia fue más legible. Desde aquella que vino a través de Jeremías y anunció los setenta años de cautiverio, hasta el mensaje de Abdías y la destrucción de Edom. Desde Jonás hasta Zacarías, todo el mundo entendió lo que los profetas dijeron; ¡hasta los pérfidos ninivitas! «¿Dónde nacerá el Mesías?», preguntó Herodes. «En Belén de Judea» (Mi. 5: 2), así le contestaron. «¿Cómo lo saben?», preguntaría. «Entendimos perfectamente lo que dijo el profeta Miqueas», pudieron contestar.

Ahora rompe los aires la más incomprensible de todas las profecías de la historia. La mayor en dignidad, y la más inextricable. La que no comprenderán ni siquiera los propios discípulos hasta que tiene lugar el terremoto de la resurrección. ¡La que millones no entienden hoy todavía! ¡La que judíos, islámicos e hindúes ni en sombras ven!

De Juan el Bautista vino la más grande profecía de toda la historia: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». No hay ni habrá en el eterno mar del tiempo, en la más lejana ola del océano infinito una profecía mayor. 

Así dijo Jesús:

 

¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?  Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes están. Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.  Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti. Os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista (Lc. 7: 24b-28a).

 

No puede mirarse de otro modo: del profeta mayor vino la más grande profecía de toda la historia.



jueves, 29 de septiembre de 2022

Supe aquel lejano día que, al escribir, adoro a Dios

Una de las asignaturas más enriquecedoras del programa de la Facultad de Teología en su época de oro, entre 2004 y 2009, fue «Teología de la adoración». La impartió en La Habana la renombrada Profesora María Landa, compañera en el ministerio y la vida del Profesor Guillermo Landa.

Parecía que la parcelación de la asignatura se estructuraría en base a la adoración de los cantores en el Templo de Jerusalén, o en lo relacionado a los Salmos, algo así. Lejos de eso, para sorpresa de los más, la asignatura incluía temas tan dispares como el bautismo en agua o la contribución financiera de los diezmos como vehículos de adoración al Dios de los cielos; y es que, todo lo que se haga para glorificar a Dios, en Espíritu y en verdad, le adora. Algunos lo tuvimos que aprender.

Supe aquel lejano día que, al escribir, adoro a Dios.