«Si su vida diaria le parece pobre, no se queje de ella; quéjese de usted mismo, dígase que aún no es lo bastante poeta como para convocar su riqueza, pues para el creador no existe pobreza, ni lugar pobre o indiferente». Así escribió el poeta y novelista austriaco, Rainer María Rilke (1875-1926) desde París, en una sentida carta a Franz Xaver Kappus, el 17 de febrero de 1903.
Leído desde el exilio, la escasez o la historia, estíos de mi pobre memoria, tales palabras tienen un filo casi doloroso: no absuelven del mundo, pero tampoco permiten la resignación. Invitan a fundar patria en la mirada y poesía renovada en el alma.
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(1) R. M. Rilke. Cartas a un joven poeta. Traducción de Jaime Ferreiro. Madrid: Alianza Editorial. 2010.
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