«Libertad de pensamiento», qué pocos la tienen. Se gastan miles de millones en la siniestra tarea de imponer moldes de pensamientos, las más de las veces nada laudables, y luego los que dicen ser «libres de pensar» y actuar los repiten como «megáfonos amaestrados».
La libertad de pensamiento requiere no solo cultura, necesita valentía y un fortísimo criterio propio. Supone estar dispuesto a realizar la fatigosa tarea de nadar contra la corriente.
«Libertad de pensamiento»... Qué pocos la tienen, qué pocos siquiera saben lo que significa.
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