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viernes, 14 de agosto de 2026

Cuánto puede cambiar la perspectiva

Cuánto puede cambiar la perspectiva según el momento de vida en que la persona se encuentre. Con cuánta belleza lo describe, Khalil Gibran en Alas rotas, en el penoso y críptico tránsito del amor al desamor:

 

Por las mañanas, cuando caminaba yo por los campos, veía un signo de la Eternidad en el despertar de la Naturaleza, y al sentarme en la playa escuchaba yo las olas, entonando el cántico de la Eternidad. Y al caminar por las calles veía la belleza de la vida y el esplendor de la humanidad, en la apariencia de los transeúntes y en los movimientos de los trabajadores. 

Aquellos días pasaron como fantasmas y desaparecieron como nubes, y pronto no dejarían en mí sino tristes recuerdos. Los ojos con los que solía yo mirar la belleza de la primavera y el despertar de la Naturaleza ya no podían ver sino la furia de la tempestad y la miseria del invierno. Mis oídos, que antes oían con agrado el canto de las olas, ya sólo oían el ulular del viento y el embate del mar contra los acantilados. El alma que antes observaba feliz el vigor incansable de la humanidad y la gloria del Universo, sentía la tortura del conocimiento de su decepción y frustración. Nada había sido más hermoso que aquellos días de amor, y nada era más amargo que aquellas horribles noches de tristeza.

(...) Como un místico que recibiera una revelación celestial, me vi a mí mismo entre los árboles y las flores, y al aproximarme a la casa vi a Selma sentada en un banco a la sombra del jazmín, donde habíamos estado juntos hacía una semana, aquella noche que la Providencia había elegido para que nacieran al unísono mi felicidad y mi tristeza (1).

   

 

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(1) Khalil Gibran. Alas rotas. 1912. Obra de Dominio Público. wwwalejandria.com, pp. 30, 31.





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