La sabiduría celestial tiene su propia perspectiva. ¡No se deje imponer las de este mundo! Jesús no se lo permitió ni siquiera a sus discípulos. En Jerusalén ellos trataron de cautivarle con las glorias de los grandes edificios. Él les dijo: «no quedará piedra sobre piedra...» (Mr. 13:2).
En el hogar de Jairo trataron de hacerle ver un horizonte de luto y muerte. Jesús lo rechazó. Él les dijo: «...La niña no está muerta..., duerme» (Mt. 9:24).
En el momento más crítico de su vida, la sunamita tronó: «¡Paz!» (II Re. 4:23).
Pablo impuso su célica visión de la vida cristiana: ¿Atribulados en todo? ¡Pero no angustiados! ¿En apuros? ¡Pero no desesperados! ¿Perseguidos? ¡Pero no desamparados! ¿Derribados? ¡Pero no destruidos! (II Co. 4).
Hacinado en la cárcel, molestado por el ruido de sus cadenas, mientras veía de las paredes gravitar el musgo húmedo, y se enfrentaba a un destino incierto, y voces de las tinieblas musitaban seductoras expresiones de caída y muerte, Pablo escribió: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Fil. 4:13).
La atribulada vida del apóstol Pablo nos dejó en su epistolario algunas de las perspectivas más grandes que se puedan haber escrito para todo el que navegue en los inciertos mares de la confusión. Aparecen en Romanos 8: 35-39. Así se leen:
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
Como está escrito:
Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
Somos contados como ovejas de matadero.
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Tenga cuidado con las perspectivas estéticas y culturales de este mundo. Y tenga cuidado de usted mismo: no mire atrás; el pasado ofrece lúgubres perspectivas. Mire adelante, «al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (Fil. 3:14).
Con su muerte el Señor Jesús abrió el camino al cielo. Esa es nuestra visión y sentido de vida; esa es nuestra perspectiva.