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domingo, 31 de mayo de 2026

Porque no quiero la muerte del que muere

Dios no negocia Su santidad, ni sus caminos están en función de ser aprobados por el juicio humano. Desde Su trono, donde están delicadamente entretejidas santidad y misericordia, llama al mundo, y presenta una salvación en que no hay atajos.

 

Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá. (…) Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morirá (Ez. 18: 21, 24).

 

Venga a Cristo y permanezca inamovible en Él. El juicio está decretado, pero en el corazón del Padre late el amor que transparenta en las palabras con que cierra este temible capítulo: «Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis» (v. 32).


 


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