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domingo, 17 de mayo de 2026

Cuando la mordaza es ley la verdad se va al exilio

Asambleas de Dios de Cuba es la iglesia evangélica numéricamente más grande del país. Con un crecimiento sostenido desde 1990, se desbordó en las capitales de provincia alcanzando con sus misiones los últimos y más recónditos campos insulares. Escribir su historia extendida desde los momentos de su entrada a la isla como misión foránea en 1931 hasta los límites de gloria vividos a finales del siglo XX fue una tarea noble asignada al autor tras ser nombrado por el Comité Ejecutivo General como Historiador de la organización nacional en diciembre de 2013. El tomo I de Historia de las Asambleas de Dios en Cuba estuvo listo a mediados 2014 y saludó el Centenario de las Asambleas de Dios en los Estados Unidos. Con toda suerte de obstáculos (algunos creados con muy torpe encubrimiento) se imprimieron en la Casa Editorial de las Asambleas de Dios (Calitad), mil doscientos ejemplares que corrieron por toda Cuba, llegaron a las oficinas nacionales de varias denominaciones hermanas, a los despachos oficiales del gobierno y a las sedes mundiales de las Asambleas de Dios en Springfield, MO y Global University, de donde son hoy fondo bibliotecario.
Quedaba en lo adelante una tarea incomparablemente más compleja: la elaboración del tomo II. Este incluiría los serios trasiegos de la iglesia cubana desde el triunfo revolucionario en 1959, pero cómo describir una pelea de boxeo sin hablar de golpes. Pastores en cárceles, templos derribados, persecuciones, campañas nacionales para la aniquilación de la fe... ¿Cómo se haría esa narrativa sin generar problemas en un medio tan censurado y policial como lo es el cubano? Estos son los caminos por los que pedí una entrevista con el Rev. Raúl Suárez Ramos. El expresidente del antiguo Consejo Ecuménico de Cuba y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular fue amable y accedió a recibirnos el martes 19 de enero de 2016, a las 9:00 a.m. en el Centro Martin Luther King. Se le obsequió un ejemplar del tomo I, ya en circulación, y se entró de lleno en los problemas a tratar en el tomo II. El Rev. Suárez nos escuchó con paciencia y en respuesta a mis preocupaciones dijo: «La historia no se escribe para poner contento a este o a aquel». Resumidamente y con autoridad, dijo: «Escriba».
Entre las observaciones que hizo esa mañana el Rev. Suárez acotó algo que me pareció discutible, cuando afirmó: «Lo que más nos agrada es que la historia la escriba alguien que está aquí. No nos gusta que la escriba alguien que viva afuera». Este fue un punto de desencuentro, porque el Rev. Marcos Antonio Ramos escribió Panorama del Protestantismo en Cuba en pleno exilio y esa meritísima obra estuvo disponible en todas las librerías cubanas del Estado durante mi infancia y temprana adolescencia. Como no tenía planes de emigrar no hice de ese punto un centro álgido de discusión, así es que avancé en la entrevista a otros temas de interés y a posibles garantías tras la publicación.
Casi exactamente un año después e inesperadamente tuve que emigrar y no agotaré al lector con el relato de las situaciones que llevaron a eso. En resumen: el tomo II tuvo que terminarse en el exilio. Doné a la organización nacional el formato digital y el fondo fotográfico inédito que fue gestionado por años y que pronto vi circular libérrimamente en publicaciones intrascendentes de la isla. Como podía esperarse se prohibió definitivamente la edición y publicación del tomo II de Historia de las Asambleas de Dios y no necesito que me expliquen el camino por donde se llegó a la decisión final: la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del PCC lo vetó y la organización nacional de la Iglesia Evangélica Pentecostal de Cuba (Asambleas de Dios) asumió la redacción de un texto que nunca se me hizo llegar y acerca del cual, tras revisarlo, por medio de amigos, me despertó opiniones muy reservadas... 
El tomo II de Historia de las Asambleas de Dios de nuestra autoría se publicó el 1 de enero de 2019, y, desde la plataforma de Amazon, se puso al alcance de todo lector interesado. Los generosos fondos destinados a cubrir la publicación del libro en la isla regresaron a las arcas del autor y se enrumbaron a otros destinos. Mientras los pobres hermanos de Cuba demandaban la llegada a ellos de un ejemplar, este circulaba por cientos en Estados Unidos y América Latina con un alcance muy superior al que tuvo el tomo I.
Desde el exclusivismo que guía a todas las decisiones del Partido Comunista fue Cuba quien perdió en todos los órdenes. El odio al desterrado es algo que ellos visibilizan sin disimulo alguno. Un exiliado es un animal rabioso de cuya extinción se alegrarían. El Muro de Berlín no cayó para ellos; lo llevan en sus corazones y separan con él a los cubanos de la isla de los que están en el exilio. 
¿Qué decir de estas enfermas perspectivas cargadas del más lacerante odio, de esta lucha por amputar valores y cercenar todo lo que no se acomode con un ideario sociopolítico tan fracasado y decadente? A más de esto, qué decir acerca del valor de la obra de los que fueron echados más allá del mar. 
La literatura del exilio es una fuente rica de exploración sobre la identidad, la nostalgia, la resistencia y el dolor de la separación. 
Un exiliado llamado Daniel escribió la introducción indispensable de la profecía neotestamentaria. La hizo en Babilonia, lejos de su cuna judía en tierras de Israel. Su libro, Daniel, está a la cabeza de los Profetas Menores en la Biblia. 
Juan, el apóstol del amor, escribió el Apocalipsis en la alejada isla de Patmos.
Los miserables de Víctor Hugo, obra maestra de la literatura francesa y, posiblemente, la más sublime de las novelas, fue escrita durante el largo exilio de dos décadas a donde fue empujado el autor por Napoleón III. Desde su experiencia de desarraigo, Víctor Hugo fue la voz de los oprimidos. La visión de la pobreza, la redención y la lucha por los derechos humanos, de quien fuera también autor de Nuestra Señora de París, son temas universales conectados con su vida en el exilio y su deseo profundo de cambio social en Francia.
El pequeño príncipe de Antoine de Saint-Exupéry se escribió en el exilio. El autor se encontraba en Nueva York en 1942, tras escapar de la ocupación nazi de Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras vivía experiencias de tristeza, añoranza y aislamiento, escribió esta profunda alegoría. En ella refleja los sentimientos de pérdida y desarraigo, el amor por su país y una sentida preocupación por el rumbo de la humanidad. Se convertiría este pequeño libro en una de las obras más leídas del mundo.
Los Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío (1905) fueron escritos fuera de Nicaragua. Son una honda reflexión sobre la soledad y la esperanza en medio de un entorno foráneo.
Poeta en Nueva York, del español Federico García Lorca (1940, póstumo), donde aparecen mezclados surrealismo y un profundo sentido de alienación, evocan el choque cultural del autor frente a la vida urbana neoyorquina. Fue escrito en Nueva York ¡y en Cuba!
Cien sonetos de amor de Pablo Neruda (1959) fue escrito durante el exilio del autor en Italia. Esta colección celebra la naturaleza y el amor humano, en una  fusión de nostalgia y resistencia frente a su persecución política en Chile.
La trilogía del uruguayo Eduardo Galeano, Memoria del fuego, fue escrita durante su exilio en España. En ella reinterpreta la historia de América Latina desde una perspectiva de resistencia y solidaridad, haciendo del exilio una fuente de creatividad.
La casa de los espíritus de Isabel Allende (1982) fue escrita en Venezuela tras el exilio de la autora desde Chile. Este clásico del realismo mágico explora temas de identidad, memoria y trauma familiar, reflejando la situación política chilena de su época.
El libro del exilio de la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi (1972) vio la luz durante su exilio en España. En él explora el desarraigo, la nostalgia y la vida en un país extranjero.
Exil del poeta y diplomático francés Saint-John Perse (1942) fue escrito en Estados Unidos donde se refugió el autor durante la ocupación nazi de Francia. Esta obra, de profundo estilo lírico, se mueve entre los temas de la soledad, el desarraigo y la búsqueda de libertad.
El otoño del patriarca del colombiano Gabriel García Márquez (1975) se escribió entre Barcelona, México y París, sedes harto alejadas del río Magdalena.

 Mientras defendía en La Habana la Tesis para la Maestría en Teología Práctica por la Facultad de Teología de las Asambleas de Dios para América Latina (Springfield, MO. EUA), en 2009, girando sobre el tema de «el pensamiento de Dios en José Martí», el decano de la Facultad y presidente del tribunal, Rev. Mike Lawrence, tras escuchar una afirmación que definía a Martí como referente central de las letras cubanas, hizo una observación muy sutil: «Martí estuvo mucho tiempo fuera de Cuba...». Razón tenía. José Martí es el más egregio ejemplo cubano del capítulo «escritores en el exilio». Vivió en España, México, Guatemala, Venezuela y, especialmente, en Estados Unidos. En el complejo monumental que rodea su tumba aparecen los escudos de todos los países donde se refugió. La Edad de Oro, con la que aprendimos a leer los niños cubanos la escribió en Nueva York, en 1889. Durante sus años de penoso destierro publicó poesías, ensayos, artículos y discursos que inspiran hasta hoy a los estudiosos de la literatura y la historia. Todo lo que devino de él refleja un amor profundo por su patria. Su obra es espejo de la belleza de su tierra y del dolor de no poder vivir en ella. 

Conclusiones

¿Qué más decir? El título inicial bajo el que se escribió este artículo fue: «El desprecio al desterrado». A mediados de la redacción, parafraseando a Rubén Darío, cupo definir un título que pareció mejor: «El vientre del exilio es fecundo». No acabo de aprender que el título de un artículo o libro nace cuando estos terminan. 
Sueño con un país donde las personas sean ponderadas por sus valores, no por sus ideologías. 
Que se escriba más sobre Cuba en el extranjero que en el suelo patrio no depende de los que abandonaron la isla. Cuando en un Estado la mordaza es ley, la verdad se va al exilio.




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