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domingo, 24 de mayo de 2026

Jesucristo mostró al mundo el verdadero rostro de Dios

Todas las civilizaciones de la tierra se formularon conceptos propios de Dios. Desde las antiguas culturas de Mesopotamia en que los dioses representaban fuerzas naturales y políticas, pasando por el Olimpo griego y el culto estatal romano hasta llegar al animismo indígena y el pleomórfico hinduismo de los brahmanes, la humanidad andando y desandando los más sufridos caminos, erró a la hora de alcanzar un conocimiento perfecto de Dios. El Altísimo sintió compasión de un mundo tan alejado de Él y envió a Su Hijo: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Jn. 3: 16).

Al venir a la tierra, Jesucristo mostró al mundo el verdadero rostro de Dios. Era uno de sus propósitos centrales. Así lo indica Juan 14 en la interacción que tiene el Señor Jesús con Felipe: «Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras» (Jn. 14: 7-10).




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