Me rebelo contra los que definen que «somos lo que nos queda por vivir». Es la tirania de la desmemoria: árbol deslumbrado por el verde brillante de sus hojas al punto de olvidar que el inmenso tronco que sostiene cada rama vino a ser posible desde raíces que llenan el pasado.
«Somos lo que nos queda por vivir, lo que tenemos delante...», anunciaron los frutos coloridos. «Qué pensamiento tan ingrato», se oyó decir a alguien desde lo más profundo de la tierra. Todos se volvieron a mirar quién hablaba. Era la semilla.
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