La flor desterrada vuela sin raíces
mientras cruza por vientos cambiantes.
Su perfume se diluye en sus trémulos pétalos,
y el rocío la visita con aguas de otro sabor.
Se levantan a la vista montañas con relieves espurios,
y horizontes ignotos le anuncian mundos por sortear.
Todo conspira contra el sueño de echar nuevas raíces.
Y ya no puede volver atrás.
Destierro y desarraigo, triste suerte para la flor que vuela.
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